La ruta de la seda nace de una ilusión. Una ilusión que la literatura nos ha fomentado a través de los años. En nuestra adolescencia nos sumergimos en las palabras de Coleridge y su Xanadú, en las evocadoras historias de Las mil y una noches del Imperio Persa, y otros muchos relatos que nos trasladaban a este mundo, tan exótico como lejano. Crecimos además en una época en la que estudiábamos que el descubrimiento de América fue una consecuencia del deseo de encontrar una ruta alternativa a la mítica «Ruta de la Seda», una travesía que Isabel la Católica financió con la expectativa de encontrar un camino hacia las Indias.

…y de pronto la vida te pone en el camino a Nicanor Gómez Villegas, nuestro profesor. Y él nos enseña lo que es la Ruta de la Seda y el Antiguo Imperio Persa. Nicanor, a lo largo de varios cursos, ya nos fue inyectando el gusanillo de descubrir por nosotros mismos esa mítica ruta, un trayecto en el que los comerciantes no solo transportaban mercancías, sino que parecían descubrir tesoros en cada rincón del viaje. Era como si estuviéramos a punto de encontrarnos cara a cara con Marco Polo, e incluso con el mismo Gengis Kan.

Hoy, y gracias a las comunicaciones, hemos tenido la suerte de conocer una parte de esta legendaria ruta en un viaje inolvidable de diez días, recorriendo Jiva, Buhara y Samarcanda. Pastoreados por Nicanor, hemos conocido estas tres ciudades, cuyas estructuras medievales han sido sin duda marcadas por la huella soviética. Hoy restauradas, logran crear un ambiente evocador que nos traslada a aquellos tiempos en los que el comercio era una forma de vida y nos convierte a los viajeros en personajes pintorescos de esta aventura.
Para entender mejor esta región hay que tener en cuenta algunas cosas. Estamos ante una joven democracia laica en una ex república soviética musulmana, en la que el comercio y el turismo han llegado tras la Perestroika casi de la mano. Un país situado en un cruce de caminos y crisol de culturas, sin mar, con carreteras y comunicaciones a través de desiertos casi infinitos que antes eran recorridos con camellos y hoy son transitados con furgonetas y camiones cargados hasta arriba. Eso sin contar con un buen tren con sello español y aeropuertos manejables.
Un país donde sus ciudadanos han sido lo más sorprendente, una mezcla de mongoles de ojos rasgados con población ruso-eslava, pero todos vestidos de forma pintoresca… algo que nos recuerda que (menos mal) la globalización todavía no ha llegado a este territorio. Sus vestimentas, una mezcla entre traje regional y artesanía local pasando por los hiyab femeninos en multitud de colores. Un país donde las mandíbulas todavía siguen demostrando estatus económico según la cantidad de dientes de oro que uno tenga. Unos paisanos que insistían en fotografiarnos a nosotros convirtiéndonos en lo peculiar y ellos en los sorprendido. Su experiencia soviética les ha hecho encontrarse en el centro del mundo y ven sus templos alicatados de azulejos turquesas con la normalidad con la que nosotros vemos el románico. Nos quedan pocos años para que el viajero tenga esta sensación.

Nos encontramos con mezquitas, madrazas y mercados en lugares llenos de simbolismos y azulejos vidriados de colores, con cúpulas inmensas que representan el poder de los emires en ese momento. Inmensos edificios que hoy son el gran reclamo turístico, prácticamente restaurados en su totalidad, que manifiestan las artes de la construcción en ladrillo y azulejo, con colores básicos muy llamativos sin utilizar imaginería humana ni animal.
La artesanía, absolutamente maravillosa, esta monopolizada por los textiles, ikat y susane, y la cerámica. Un apartado especial son las alfombras que van más allá del mero objeto textil, evocando una forma de vida y espiritualidad. Uzbekistan es un país para comprar, (regateando), ya que ellos son unos magníficos comerciantes. En cada una de las tres ciudades que recorrimos encontramos peculiaridades, por lo que ofrezco un consejo a quien viaje a estas tierras: ¡compra y compra ya!

Los colores de las sedas, lanas y algodones son absolutamente maravillosos (ikat). Los bordados, aunque puedan parecer toscos, crean unas figuras tanto geométricas como vegetales increíbles y tremendamente decorativas (susanes). Mucha artesanía del país la conocemos hoy a través de las redes sociales y la ropa, aunque las tallas sean complicadas, es original y muy divertida, tanto para hombres como para mujeres.

Nuestro viaje de 10 comenzó en la ciudad de Jiva, donde descubrimos una medina en perfecto estado, con sus calles limpias, asfaltadas en ladrillos de tierra clara, llenas de comercios y puestos en sus plazas y recovecos. En este recorrido las mezquitas y madrazas iban apareciendo, con tus torres imponentes. Y fue aquí donde descubrimos su gastronomía, (sin pescado) pero muy rica y variada que, junto a su cerveza local, nos han hecho un viaje de lo más agradable. Para ir de Jiva a Buhara lo hicimos en nuestro autobús cruzando el desierto, un desierto que no es como el africano de arenas finas y dunas movibles, sino de tierra quieta y firme.

La ciudad de Buhara es grande y parece importante. Aquí se observa una población más aburguesada y menos rural, una urbe con importantes centros de negocios y que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y terminamos el viaje en Samarcanda, una gran ciudad llena de historia que fue el colofón perfecto para terminar este singular viaje que repetiremos próximamente. Os recomiendo ir cuanto antes y elegir bien la estación del año ya que esta región tiene un clima extremo. A nosotros nos fue bien… ¡y gracias a la afición por estas tierras al karaoke asiático acabamos moviendo el esqueleto igual que si estuviéramos en Joy Madrid!
Vocabulario imprescindible:
Bazar: mercado de alimentos y artesanías. Lugar de la vida social y económica.
Caravasares: edificios que en la antigüedad daban albergue y alimentos a los viajeros y sus animales.
Hiyab: es un velo que cubre la cabeza y el pecho que las mujeres musulmanas usan en presencia de personas que no sean de su familia directa.
Ikat: tela de doble cara con trama de algodón y base de seda, hecha a mano de forma artesanal y con colores fuertes que se tiñen los hilos antes de tejer.
Madraza: es una institución educativa islámica para temas religiosos y coránicos.
Medina: Barrio antiguo de una ciudad árabe. Mezquita: lugar de culto para los islamitas.
Minaretes: torres altas en las mezquitas que sirven para la llamada de la oración.
Som: moneda uzbeka, a fecha de hoy 15000 Som equivale a 1 euro.
Suzane: bordado hecho a mano típico de esta zona, sobre una tela de algodón, seda o terciopelo.
Para más información:
https://www.youtopia.es/producto/persia-y-su-momento/
https://www.youtopia.es/producto/ruta-de-la-seda/
por Iraida Domecq – Youtopía.es



