En pleno centro de Madrid, en el barrio de Justicia, nos hemos citado con Miguel Ángel Tobías para conocer de primera mano sus últimas inquietudes profesionales y algunas personales.

BÁRBARA: Buenos días Miguel Ángel. Productor, director, presentador de TV, actor, nutricionista…  Un abanico de grandes facetas.
¿Con qué te encuentras más identificado y seguro?

MIGUEL ÁNGEL: Creo que la vida es ir cubriendo etapas, cuando alguien me hace el recuento de las cosas que he ido haciendo, me digo, – ¡ostras!, pues van saliendo!, ¿no?…, unas cuantas -. Llevo años dedicándome al mundo de la producción y de la dirección audiovisual y desde que puse en marcha Españoles por el mundo hace 15 años, me dedico a recorrer el mundo y contar historias que creo que tienen que ser contadas y uso para eso todos los lenguajes que hay desde el mundo audiovisual, bien sean programas de TV, documentales de TV, documentales de cine o películas de cine.

B: Eres fundador de la fundación Historias que deben ser contadas. ¿Qué te llevó a esta iniciativa?

M.A.:Pues hace 8 años me comprometí a hacer cada año un proyecto audiovisual que fuera 100% social, solidario y benéfico. Desgraciadamente cuando estábamos pensando cuál iba a ser el primer proyecto, sucedió el terremoto de Haití y decidí que había que ir para allá, contar esa historia del terremoto, que sirviese para que la gente no se olvidara de la tragedia, de la catástrofe y poder además así, generar conciencia social y recaudar fondos para las víctimas. Esto ha hecho, que cada año se haya puesto en marcha un proyecto de estas características. Y hace dos años, decidí que la forma más fácil para seguir con esta labor de hacer proyectos sociales audiovisuales no tenía que hacerlo a través de la productora, sino a través de una fundación, por eso creé con unos amigos la fundación, que decidimos que se tenía que llamar así Historias que deben ser contadas. Creo que aclara mucho, es decir, el tipo de cosas que hacemos y que vamos a seguir haciendo con ellas.

B: ¿Te llegas a acostumbrar a las historias e imágenes que vives?

M.A.:No. Todo lo contrario. Me han preguntado varias veces. Después de haber visto tanta pobreza, miseria y sufrimiento en el mundo, si te haces callo, si de repente te vuelves más duro ante esas situaciones… Yo sólo puedo hablar de mí, lógicamente y en mi caso no ha sido así, sino todo lo contrario, el estar viendo tanta pobreza, tanto sufrimiento lo que me hace cada vez más es, comprometerme desde un punto de vista vital y cuando digo vital digo personal y profesional con esas situaciones. El sufrimiento y dolor de la gente cada vez me duele más en vez de dolerme menos. Como es lógico cuando te preguntan -¿cómo puedes estar con una cámara en esa situación y no quebrarte y seguir rodando?-, la respuesta es muy simple, soy muy consciente del trabajo que hago y que gracias a ese trabajo vamos a poder ayudar a esas víctimas. Por lo tanto en ese momento te abstraes de lo que estás rodando.

B: ¿Consigues que el alma te permita ser objetivo en esas situaciones o tienes un exceso de empatía?

M.A.:La empatía está y evidentemente cuando dejas la cámara es inevitable en mil situaciones llorar. Por supuesto que en determinados sitios a los que voy, además de rodar, lógicamente intentamos ayudar en todo lo posible. Pongo el ejemplo de Haití porque es muy claro. Nos fuimos a Haití con el equipo de rodaje y nos habíamos comprado tiendas de campaña, sacos de dormir, agua, comida…, porque sabíamos que teníamos que ser autosuficientes en Haití, pero cuando cruzamos la frontera y empezamos a ver gente que estaba tirada en la calle, niños, ancianos…, pues no llegamos ni a desempaquetar nunca las tiendas. Nunca supe de qué color era la tienda, de qué color era el saco de dormir, porque fuimos regalando todo. En dos días estábamos durmiendo en la calle, en el suelo, igual que dormían ellos y estábamos dependiendo de algo de comida y algo de agua en función de lo que la ayuda llegaba.

B.: O sea, ¿no solo ruedas sino que te involucras a la hora de ayudar?

M.A.: Sí. De hecho terminábamos de rodar y nos íbamos al hospital de La Paz en Puerto Príncipe precisamente a ayudar con los heridos.

B.: ¿Consigues buscar otras fundaciones u organizaciones para lograr más ayudas para esta gente aparte de la vuestra?

M.A.: Siempre hemos ido en cuanto a estar en la situación de rodaje de forma independiente. Yo nunca he ido a rodar pegado a ninguna ONG, a ninguna fundación, ni a ninguna asociación porque forma parte de mi espíritu libre de decir, yo quiero enfrentarme y encontrarme yo, individualmente con la situación equis que sea y decidir qué voy a hacer con ella, y ahí ejecutamos obviamente la ayuda que podemos, incluso a título personal, pero estos proyectos se gestan y se crean justamente para que cuando se den a conocer, haya más gente y fundaciones y asociaciones que empaticen con el problema, y entonces se genere ayuda. Además de los propios fondos que se recaudan con estos proyectos visuales, que por supuesto también están donados en un 100%.

B.: ¿Cómo te calificarías emocionalmente después de todo esto?

M.A.: ¡Estable!. Siempre he sido una persona emocionalmente estable. (Sonrisas cómplices)

B.: En una ocasión, llegaste a pedir audiencia con el Papa Juan Pablo II, ¿Podrías comentarnos parte de esa motivación y conclusión?

M.A.: Me concedió la audiencia. La historia es muy bonita. Me pidieron ir a dar una conferencia a padres y niños a un colegio de Valladolid en el día de la Paz que celebran cada año. Y los Hermanos Maristas donde estuve me invitaron a comer con ellos y me preguntaron si tenía mucha prisa, les dije que no y me llevaron por Valladolid a pasear, y entonces ya me invitaron a quedarme a cenar con ellos. Volvía de Valladolid a las doce y media de la noche en un coche que me traían dos hermanos maristas para Madrid y hablando de todo en el camino les dije que cada vez que veía a Juan Pablo II por TV, me recordaba a mi abuelo, al padre de mi madre que ya había fallecido. Se parecían mucho físicamente. Mi madre, siempre que lo veía me decía – ¡cómo me gustaría conocer al Papa! -, por la doble razón, por el Papa y porque le recordaba físicamente a su padre. Y yo, durante años, cada vez que la oía escuchar esto me callaba, claro, – ¿qué hago yo para que mi madre vea al Papa? –. Les conté esto a los hermanos maristas y uno que venía conmigo me dijo, – Miguel Ángel no digas nada, pero yo he estado dos años trabajando en el Vaticano. Voy a intentar que tú vayas a ver al Papa con tu madre –. Un año después exactamente, estábamos en audiencia privada, nos la concedieron para cuatro y vino una hermana mía, mi cuñado, mi madre y yo. Así es como tuvimos esa audiencia. Para mí fue ¡impresionante!, porque no fue una audiencia ni una conversación de protocolo, sino que Él sabía perfectamente que, por supuesto yo había tenido que escribir una carta que se le envió al corresponsal de Antena 3 en el Vaticano, a Antonio Pelayo, éste se la había dado a Don Estanislao, que era el secretario personal del Papa, que hoy día es el Arzobispo de Cracovia. Y así conseguí llegar. O sea, el Papa se había tomado la molestia, sabía perfectamente quién era yo, cuál era mi trabajo, cuál era la motivación, la carta donde yo le hablaba de mi madre, de mi abuelo, de que yo quería que esto fuera un regalo para mi madre… Sabía perfectamente porqué estábamos allí. Y cuando yo le dije a Don Estanislao, su secretario personal al que invité a comer al día siguiente, – mire, no entiendo cómo el Santo Padre, estando tan mayor, tan enfermo (fue dos años antes de que muriese), siendo el jefe del Estado Vaticano, siendo Papa, con todas las obligaciones que tiene, puede conceder una audiencia a alguien como yo, que ni soy institucionalmente nadie, ni formo parte de la jerarquía eclesiástica, (o sea, teóricamente no se correspondía con el hecho de que el Papa me concediera una audiencia a mí ¿no?) –. Y me dijo una cosa de la que nunca me he olvidado, jamás, y de hecho que tú, Barbie, me hagas esta pregunta, es la demostración de que tenía razón el Papa. Me dijo su secretario, – el Papa sabe del efecto multiplicador de estos encuentros –, es decir, cuando un ministro o un presidente de gobierno va a ver al Papa, el presidente del gobierno siente que es normal que el Papa le reciba, pero cuando alguien anónimo, en este sentido, como yo voy a ver al Papa, no deja de hablar de esto el resto de su vida. Entonces él dijo, – el Papa sabe del efecto multiplicador de estos encuentros -.

B: Me lo contaste hace muchísimos años a título personal y entonces me quedé con aquello.

M.A.: Claro, porque lo voy contando. Y lo he contado en periódicos, en radio, etc. Es una cosa alucinante. Esto fue para mí y para toda la familia un encuentro impresionante y me dijo cosas muy serias y muy fuertes. Él sabía lo que yo estaba haciendo y me dijo, – no dejes nunca lo que estás haciendo –y yo me comprometí con Él -.

B.: Cambiando de registro. ¿Podrías contar qué te llevó a ser nutricionista?. Creo que existe una bonita historia de fortaleza en tu niñez ¿verdad?

M.A.: Bueno… Yo era obeso de niño. A los 12 años hice lo que parecía normal y lógico. Fui a un endocrino a que me pusiera una dieta y encontré en la consulta a un tipo que estaba más gordo que yo y me dije, – mal empezamos, si este es el tipo que me va a decir lo que tengo que hacer –. No me preguntó nada. Sacó una fotocopia de un cajón, una dieta hipocalórica de las mismas que se han estado utilizando durante muchos años. Y me dijo, – toma, haces esto durante tres meses y luego vuelves -. Salí de aquella consulta con un sentimiento de, esto no tiene lógica, no puede ser, este hombre no sabe nada de mi vida. No me ha preguntado qué como, qué hago, mi actividad…, o sea, no sabe nada y me está diciendo que haga una dieta hipocalórica. Y entonces fue con 12 años que tomé la decisión de que iba a estudiar nutrición y esto es lo que me llevó luego a desarrollar mis primeros años de carrera profesional que compaginaba en los medios de comunicación hablando de nutrición. Donde estuve durante años pasando consulta. De hecho, llegué a dirigir cuatro clínicas. Y en ese momento, es ahí donde empecé en TV, en Telemadrid, con Alipio Gutiérrez, haciendo una sección de salud en el programa que Alipio dirigía y de ahí me llamaron para Antena 3 para hacer un programa con Bartolomé Beltrán, y de ahí me llamaron de Tele 5 para hacer un programa con Isabel Presley. Mucha gente no se acuerda que Isabel Presley presentó un programa de TV, que se llamaba Hoy en casa, que se hacía en Casa Decor y que se emitía los sábados en Tele 5 y yo era el especialista que hablaba de salud en aquel momento. De ahí, empecé a hacer programas de salud en todas las cadenas de TV. He producido, dirigido y presentado programas de salud en todas las cadenas de TV de este país y he dirigido programas de radio de salud

B.: Respecto a tu libro Renacer en Los Andes, cuentas prácticamente cómo convives con la muerte durante un breve tiempo. ¿Hay un antes y un después de tu experiencia mística? ¿En qué has cambiado?, o ¿qué te ha cambiado?

M.A.: Lo que viví en Los Andes fue a vida o muerte. Me fui a escalar una montaña con dos amigos íntimos que lo siguen siendo. El Nevado Chachani, que es un pico de 6.200 metros en Perú y abandoné el campo base porque estaba con taquicardia, porque mi conocimiento científico de la situación sabía que me tenía que ir de allí o moría allí mismo. A las ocho de la tarde, con muchos grados bajo cero y una oscuridad absoluta, pensé que tenía que descender la montaña, que es algo que no se puede ni intentar a pesar de que yo sabía que me iba a morir.  Sabía que en cuanto me fuera del campo base, me iba a perder y que no tenía el equipamiento, ni la ropa, ni nada. Me dije, – me voy a morir congelado esta noche. Nadie me va a venir a buscar y ahí se acabó –. Pero el instinto de supervivencia te dice, – ¡vete!, porque si no te vas ahora, en este momento, te vas a morir aquí ahora. Con lo cual ya pensarás luego cómo no morirte-. Y ahí empezó una lucha tremenda de muchísimas horas, primero para sobrevivir esa noche. Es imposible sobrevivir esos grados bajo cero sin la ropa y sin el equipamiento adecuado. Desde el punto de vista médico, esto lo he hablado con muchos equipos médicos de urgencias y sólo se podría sobrevivir una hora a esa altitud, sin oxígeno y con esas condiciones, y sobreviví siete horas y media. Pasaron una serie de cosas para que esto sucediera, que es lo que cuento, minuto a minuto en el libro. Al día siguiente muy contento porque había sobrevivido a la primera noche, me di cuenta que no iba a sobrevivir una segunda, que estaba perdido en medio de Los Andes, en medio de ninguna parte. Y tuve que hacer un ejercicio de retrospección muy fuerte, siendo consciente de que en horas, me enfrentaba a mi propia muerte. Afortunadamente no morí, sino no estaríamos aquí haciendo esta entrevista, pero esto me llevó a escribir este libro después de años. Ha sido un ejercicio muy duro porque hablo de Dios y de milagros. Yo entré en una conversación directa con Dios y hablo de Dios en el sentido de lo que para cada uno sea, si eres católico pues es tu Dios, si es un indígena del Amazonas, pues es un gran espíritu. No entro en esto. Yo entré en esa conversación directa de pedir ayuda, porque sabía que de allí, sólo, no salía. Empecé a pedir una serie de cosas y fueron sucediendo. Y gracias a que sucedieron, salgo vivo de allí. He tenido la suerte de que el libro, lo ha prologado Fernando Parrado, el superviviente de Viven, de Los Andes, del que todos se acuerdan del avión uruguayo que cayó. Él dice en el prólogo, – Miguel Ángel, deja que sea el lector el que decida si quiere pensar que fue la suerte, la casualidad o un milagro -.

B.: ¿Hace cuántos años de aquello?

M.A.:Hace 13 años. Mucha gente me empujó a escribir el libro. Me lo decían. Hoy me alegro profundamente de haberlo hecho. Lo ha editado Planeta. Y los testimonios que recibo de la gente que va leyendo el libro, de algunos, porque son miles y no tengo tiempo de leerlos a todos y de vez en cuando lees algo de lo que te envían. Todo el mundo por mil circunstancias, aunque no tienen por qué ser tan extremas, pero como digo en el libro, – todos vamos a tener a lo largo de nuestra vida montañas que subir que no somos capaces y no sabemos cómo y nos vemos atrapados en esa montaña, sea en forma de enfermedades, sea en forma de angustia o de depresiones, por millones de cosas que tiene la vida –.Y toda la gente que lo lee, si puede se pone en contacto para decirme, – gracias por haberlo escrito, me está ayudando con esto… –. Y ahora estoy trabajando en el guión del libro, porque va a acabar siendo una película de cine, Renacer en Los Andes.

B.: ¿Para cuándo sería?

M.A.: Bueno, estamos ahora escribiendo el guión, pero yo que soy muy rápido, porque vivimos en el tiempo de la acción, o sea, no estamos en el tiempo de pensar, sino en el tiempo de hacer. Y además, por propia filosofía, la vida es eso que está sucediendo mientras tú estás pensando a ver qué voy a hacer. Entonces yo, pienso poco y hago mucho. Es decir, hay gente que piensa, piensa y piensa ¡y no hace absolutamente nada!

B.: Hablando de pensar y de hacer. Como ya sabemos, fuiste el creador hace 15 años del programa de TV Españoles por el mundo. ¿Cómo se te ocurrió esa idea?

M.A.: Sí. Es una historia muy bonita. También digo que en realidad no fue idea mía, fue de dos emigrantes españoles, porque estando por Perú, en Lima. Yo presentaba un programa en TVE que se veía por el Canal Internacional y muchos españoles fuera de España lo veían. De repente me paraban por la calle y dos españoles que vivían en Perú, los dos, por separado, me dicen la misma cosa, – Miguel Ángel ¿cuándo vas a hacer un programa que hable de nosotros?, que somos los verdaderos embajadores de España en el mundo, que somos los que hemos traído la cultura, la alimentación, nuestras costumbres… –. Cuando me lo dijo el primero, típica cosa de cuando se te acerca alguien, pues le dices, – ah sí, pues muy bien. Encantado –, y me fui y me olvidé. Pero cuando dos días después me dice otro lo mismo y yo que no soy muy listo pero soy muy observador dije, – espera que aquí hay algo –. Y dije – tienen razón -.Me vine a España y escribí el formato. La risa es que tardé dos años y medio en vendérselo a TVE porque decían que no lo veían, no veían el éxito de Españoles por el mundo. ¡Imagínate!

B.: ¡Ya ves! ¡Y que luego le han salido muchas imitaciones, vamos a decirlo así!

M.A.: Sí, ¡pero no sólo en España!, que todas las autonómicas tienen su Andalucía por el mundo, Gallegos por el mundo, Vascos por el mundo, etc. ¡Sino en el mundo!, o sea, se han hecho, Mejicanos por el mundo, Italianos por el mundo…, voy por todo el planeta y me lo van contando.

B.: Registralmente ¿cómo se come?, porque luego te cambian Españoles en el mundo, o sea, te cambian una sola palabra en el título y…

M.A.: ¡La Propiedad Intelectual en este país, en el mundo audiovisual es una vergüenza!. Ese es el resumen. Sí.

B.: No eres al primero que entrevisto y me dice lo mismo, al igual que por la parte que me toca.

M.A.: Yo debería ser, solo por el programa de Españoles por el mundo multimillonario. Y solamente soy rico, pero porque es mi tercer apellido. (Risas). O sea, soy Miguel Ángel Tobías González Rico. Rico he sido siempre, pero…

B.: Menos mal que tienes tu ironía. Se puede ser rico en muchas otras cosas…

M.A.: (Risas) Y lo soy. No en cosas materiales que tampoco me interesan, pero sí en vivencias y en experiencias.

B.: Esta es que te la tengo que preguntar porque me da un poquito de…

M.A.: ¡48! (Risas. Mostrando su calzado)

B.: (Risas) ¡No! La pregunta a lo que refiero es, ¿no echas de menos tu etapa de presentador? ¿Te ha vuelto a llamar José Luis Moreno?. ¿No echas de menos de menos aquella época de Noche de Fiesta en TVE?

M.A.: No, a ver. Es que en realidad no echo de menos ninguna etapa pasada por una razón muy simple, por conciencia pura, porque la vida no es lo que pasó, ni siquiera es lo que va a pasar. La vida es ahora, la vida es lo que va pasando. Yo doy conferencias por todo el mundo.

B.: ¿No me irás a hablar del negocio del “Aquí y el ahora?. ¡Imagínate una persona a quien le estés clavando un cuchillo y le estén diciendo – disfruta del aquí y el ahora –!

M.A.: No, no, no. ¡Olvídate del “”Aquí y el ahora!. Porque si no te gusta es al revés. No es que disfrutes del “Aquí y el ahora”, es que vivas en el “Aquí y el ahora”, si el “Aquí y el ahora” te gusta, ¡maravilloso!, ¡disfrútalo!, y si no te gusta, ¡cámbialo!. Pero no miro para atrás porque no tiene ningún sentido, o sea, no tengo nostalgia de… Estoy muy contento porque he ido disfrutando y estoy disfrutando de cada una de las cosas que he ido haciendo.

B.: O sea que, ¿tampoco echas de menos tu etapa de actor?

M.A.: Nunca he dejado de ser actor, incluso en los documentales. A veces estoy a los dos lados de la cámara. En definitiva estás asumiendo un rol. Donde hay cosas de ti pero también hay cosas que no son de ti. Por lo tanto siempre estás actuando de algún modo. Esto es como lo de las entrevistas, probablemente quien lea esta entrevista, yo le caeré muy bien y dirán, – ¡ostras!, ¡qué tío más majo! –. Siempre le digo a todo el mundo, – nunca te fíes de lo que nadie dice en una revista, ni en un periódico, ni en una radio, ni una televisión, porque asumamos todos, que se nos presupone ese mínimo de inteligencia como para que en una entrevista quedar bien –. Porque nadie te hace una entrevista para que el que la lee o la escucha o la vea, piense, – este es idiota –. Entonces siempre aludo a que deberíamos fijarnos en las relaciones humanas más allá de las palabras. Y como dijo Jesucristo, – “Por sus obras los conoceréis” -.Entonces, no me importa tanto lo que alguien me dice y yo espero que no importe tanto lo que yo diga. Que se fije en cómo actúo yo. Ese es mi bagaje real.

B.: ¿Tu color favorito y por qué?

M.A.: Siempre ha sido el azul marino y caigo en él una y otra vez. Llevo siempre muchas cosas de azul marino y supongo que tiene algo que ver con el mar.

B.: De tus grandes viajes, ¿dónde te quedarías a vivir y con quién?

M.A.: Yo que he recorrido el mundo y sigo recorriendo el mundo, cuando me preguntan esto siempre digo que no puedo contestarte porque te confundiría, Ya hace muchos años que sé, que lo que importa de un viaje, nunca va a ser ni la temperatura, ni la belleza del sitio, ni el lujo, ni nada de eso. La importancia de un viaje está siempre basada en el impacto y los recuerdos emocionales que te deja. Y esos recuerdos emocionales sólo tienen que ver con dos cosas. Básicamente, cómo te sientes tú en el momento que estás ahí. Si te sientes bien contigo mismo, vas a tener una sensación de viaje maravillosa, si te sientes mal, va a ser una sensación de viaje mala. Y la otra cosa con la que tiene que ver es con quien tú hayas compartido esto. Entonces, si alguien me pregunta – ¿cuál es el sitio más romántico para ti? –, pues mira, – ¡Móstoles con la persona que te gusta! –, y que me perdonen los de Móstoles. Y ¿de qué te vale estar en las Islas Fiji sólo y de repente estás pensando en alguien con quien te gustaría estar compartiendo ese momento?. Y porque no puede o no quiere, no está. Y dices – ¿qué narices me importan las Fiji?, ¡qué sitio más absurdo las Fiji! -. Y sin embargo ¡qué bonito un parque de cualquier pueblo de España¡

B.: ¿Qué significa para ti el amor?

M.A.: El amor es el motor de la vida. No porque yo sea tan listo y me doy cuenta, es que he tenido la suerte y tengo la suerte de tener una madre que desde que mis hermanas y yo éramos niños, toda su vida nos ha dicho, – hijos, la única misión que tenemos en este mundo, la única cosa importante en este mundo es dar amor. La ciencia va descubriendo cada vez más y se ve mucho en los hospitales, cómo los pacientes que tienen un círculo y un entorno de amor alrededor, -sobre todo se ve muy fácil en las personas mayores-, se curan mejor, se curan antes y tienen una tasa de supervivencia mayor. Y las personas que teniendo la misma enfermedad, la misma situación patológica, no tienen ningún entorno de amor alrededor de ella, se mueren. Con lo cual dices – ¿qué es el amor? –, lo es todo, es el gran motor y el único sentido de la vida.

B.: ¿Qué entiendes por empatía?

M.A.: La empatía es la capacidad real de desde el corazón, desde el sentimiento, ponerse en el lugar del otro. Muchas veces decimos – te comprendo –y estamos mintiendo, porque lo único que tenemos es un acercamiento intelectual al problema, – hola me he quedado sin trabajo –,– ¡vaya qué horror!, te entiendo –. No. No entiendes. Tienes un acercamiento intelectual a la situación, de comprender que te has quedado sin trabajo y tiene que ser malo. La empatía te hace sentir exactamente el dolor en tu corazón de lo que está sintiendo, por lo que está pasando.

B.: ¿Qué significado tiene para ti la ira?

M.A.: Es la forma en la que tenemos de pelearnos con nosotros mismos cuando no tenemos el valor de reconocer lo que nos pasa. Y entonces, tengo que encontrar a otro enfrente contra quien descargar. Pero detrás de cada acción de ira en realidad lo que hay es la frustración de un problema personal no resuelto.

B.: ¿Dónde has pasado más miedo?

M.A.: Aquí y ahora, en esta entrevista. (Carcajadas al unísono)

B.: ¿Cuándo eres más feliz?

M.A.: El profesor Rojas Marcos, el ilustre psiquiatra español, quien fue presidente de todos los hospitales públicos de Nueva York, yo le entrevisté para el segundo capítulo de Españoles por el mundo hace 15 años. Le dije que quería hacer la entrevista de una manera determinada y me dijo, -vale, pero antes déjame que te haga una pregunta. ¿Eres feliz? -.Y me paré un momento y le dije – mira, cada mañana que me levanto y veo que me he levantado, lo cual quiere decir que sigo vivo, -hay gente que se muere durmiendo-, que puedo ver, que puedo caminar, que abro la nevera y hay comida, que abro un grifo y hay agua y que sé que todo mi entorno afectivo, mi familia y a la gente que quieres, tus íntimos amigos están bien de salud y más o menos todos tienen trabajo y un plato de comida en la mesa, ese día me parece una fantástica fiesta. Entonces, mi momento más feliz es cuando me levanto por la mañana y veo que puedo caminar, puedo ver, que tengo un plato de comida, que sale agua del grifo y que toda mi familia está bien. Ese día me parece una fiesta maravillosa -.

B.: Después de tu experiencia tan mística, ¿crees en la reencarnación?

M.A.: Tendría que decir como dice Raphael en su canción – ¡qué sabe nadie! -,porque nadie ha vuelto. Nadie ha estado fuera 3 años y ha dicho – hola buenas, que os voy a contar lo que me pasó al otro lado –. Es decir, nadie sabe como tal lo que pasa al otro lado, pero tengo que decir una cosa, la Reencarnación me parece, incluso desde el punto de vista racional, lo más soportable como concepto, porque cuesta mucho aceptar y entender el sentido de la vida cuando te das cuenta de que hay millones de personas en el mundo cuya vida sólo es sufrimiento, niños que desde que nacen su vida es sólo sufrimiento y la Reencarnación te da esa posibilidad de entender que estamos en un proceso evolutivo de crecimiento espiritual y que esas personas, que están viviendo esa situación, volverán o ya pasaron por aquí muchas veces y simplemente están haciendo un último trozo de camino que les va a llevar a la divinidad sin necesidad de volver a reencarnar. Como he bebido de muchas fuentes y tengo amigos obispos y cardenales y amigos rabinos y maestros de cábala y tengo amigos lamas… Entonces yo, practico un sincretismo religioso en el que me doy cuenta que al final es lo mismo, es una espiritualidad orientada de distintas maneras. Obviamente es muy cultural. Y de lo que no tengo duda, que quizá es lo más importante, es que esto no se acaba aquí y por supuesto, que la vida sin trascendencia no tendría sentido, o sea, si esto fuese para esto, ¡que nos devuelvan la entrada!.

B.: ¿Tu mayor sueño?

M.A.: El mayor de todos sin ninguna duda es conservar el mayor tiempo posible esta situación de felicidad que decía antes, donde tu entorno está bien, donde no pasan cosas graves que no tengan solución. Mantener eso el mayor tiempo posible es mi mayor sueño sin ninguna duda. Y en un plano profesional, tengo un sueño también muy importante y es que el trabajo que hago, que en realidad lo hago con un objetivo muy claro que es intentar ayudar a mejorar este mundo, pues que tenga el mayor alcance posible y que llegue al mayor número de personas posibles y que quieran ser a la vez motor de cambio y encargarnos entre todos de dejar un mundo mejor del que nos encontramos.

B.: La penúltima pregunta que es algo simpática…

M.A.: (Interrumpiendo con ironía) ¡48!

(Risas)

B.: ¿Recuerdas, que no sé si lo sabes, dónde te llamaban el hombre de Geyperman?

M.A.: No. Pero no solo no lo recuerdo, acepto el piropo y me encanta.

B.: ¿Pero sabes por dónde viene?

M.A.:¡Te prometo que no tengo ni idea!, pero cuando era pequeño tenía a los Madelman y me parece mucho mejor ser Geyperman, porque era más grande y más fuerte.

B.: Era de cuando ibas al gimnasio de Castellana Sport Club y los demás famosos te llamaban el hombre de Geyperman de las veces que te mirabas al espejo.

(Carcajadas al unísono)

M.A.: Esa maldad no la puedo nunca saber. Pero esto es una maldad que se resuelve muy rápido, claro. Quien va al gimnasio sabe que cuando tú entrenas con pesas, tienes que hacer las pesas siempre delante de un espejo porque si no te puedes quedar con lesiones muy fácilmente y como el cuerpo no está 100% equilibrado, es muy importante que cuando uno hace los movimientos esté viendo que levantas los dos brazos hasta la misma posición, Que la posición del cuerpo es buena, así que en realidad no me miraba por vanidad, sino que me miraba por entrenamiento.

B.: Y última pregunta.

M.A.: (Interrumpiendo con ironía) ¡48!

B.: (Risas) Defíneme a Miguel Ángel Tobías.

M.A.: ¡Atrévete a hacerlo tú!

B.: ¡48!

(Risas de ambos)

B.: (Me sonrío) Perdón, es el número de pie.

M.A.: Mira es muy fácil. Cada vez que me han preguntado alguna vez en la vida, “cienes y cienes” de veces, como decía aquella. Yo decía, – no tiene ningún sentido –, porque la realidad es que como nosotros no somos personas en función de nosotros mismos sino siempre en función del otro, cada uno de nosotros somos de tantos formas como los interlocutores que vamos teniendo a lo largo de la vida piensan que somos. Y te voy a decir una buenísima del libro, ¿sabes lo que es la marca personal?. Te voy a decir la definición científica e inapelable. – La marca personal es lo que los demás dicen de ti cuando tú no estás –.

B.: ¡Exactamente!, ¡muy bueno!. Terminamos. Muchas gracias.

Nos hacía gracia cómo en el encuentro de la entrevista, había gente mirando los pies de Miguel Ángel Tobías, lógicamente en proporción a su gran estatura le acompaña el tamaño de su calzado.

POR BARBIE CORCHADO
Perfectamente Imperfecta