Con motivo del 50 aniversario de su muerte, en la Universitas Senioribus del CEU vamos a impartir un seminario de 2 días los días 19 y 26 de noviembre, sobre Victoria Eugenia, este apasionante personaje de la Historia de España,  en el que abordaremos su figura tanto desde el punto de vista histórico como biográfico y personal.
Igualmente prestaremos una atención especial a las joyas de la Reina dada la repercusión que éstas tuvieron en su tiempo y siguen manteniendo en la actualidad. Amante de la moda y la joyería, su llegada a España en 1906, supuso un revulsivo en la todavía rancia vida cortesana.

Para muchos, Victoria Eugenia sigue siendo la Reina de mejor porte que hemos tenido en España. Pero quizá por el empaque y atractivo que desprendía, muchas veces se ha olvidado el papel que desempeñó en el reinado de Alfonso XIII y la trascendencia sus actividades.
Su labor como fundadora del Cuerpo de Damas Enfermeras de la Cruz Roja y su determinación a la hora de apostar por la legitimidad monárquica en las postrimerías del franquismo, convierten a Victoria Eugenia en un personaje determinante para la mejor comprensión de la
historia de nuestro país.
Ena –así era conocida- fue Reina de España durante veinticinco años.
Era una enamorada de Santander y de su Palacio de la Magdalena, pero nunca dominó el español y no le gustaban los toros.

Victoria, por su abuela –Reina del Reino Unido y Emperatriz de la India- y Eugenia por su madrina –la de Montijo, Emperatriz de los Franceses-.
Había nacido en Balmoral (Escocia) en 1887, hija de la Princesa Beatriz, en los días en los que el Imperio dominaba el mundo.
Victoria Eugenia no era inicialmente la elegida para ceñir la corona de España -anglicana y con rango “menor”- pero su presencia, “una belleza auténticamente británica” en palabras de Carmen Llorca, hizo que el joven Alfonso XIII se enamorase. Tenían veinte y diecinueve años.
El mismo día de su fastuosa boda en los Jerónimos, la pareja sufrió un atentado de manos del anarquista Mateo Morral, al paso de su carruaje por la calle Mayor. Victoria Eugenia lucía ese día la más preciada de las tiaras españolas: la de la flor de lis, obra de Ansorena y regalo del Rey a la desposada. El banquete nupcial se celebró en el Palacio Real pero la imagen de Victoria Eugenia quedaba ya teñida de sangre.
En nacimiento de su hijo primogénito supuso un duro revés para la pareja: el Príncipe Alfonso –futuro Duque de Covadonga– padecía lo que entonces se llamaba mal de la sangre, herencia de su abuela Victoria, que también había dejado su estela en la corte rusa, por la zarina Alejandra, prima de Victoria Eugenia.
El segundo de sus vástagos, el infante don Jaime quedará sordomudo tras una delicada intervención y el último y más pequeño, Gonzalo sufrirá también los estragos de la enfermedad y una muerte prematura.
Sólo sus hijas, Beatriz y Cristina, y su adorado Juan –futuro Conde de Barcelona-, que nace en 1913 en La Granja de San Idelfonso, serán su soporte en una vida familiar desdichada.

Aunque España se declaró neutral durante la Gran Guerra, el Rey fue el impulsor de la conocida como oficina pro-cautivo, de importante apoyo humanitario, por la que llegará a ser propuesto para la concesión del
Nobel de la Paz.
Sin embargo, el trabajo de Victoria Eugenia, apenas se ha puesto en valor.
Pero fue ella quién fundó el Cuerpo de Damas de Enfermeras de la Cruz Roja, originalmente integrado por las mujeres de alta sociedad para desarrollar funciones de voluntariado sociosanitario. La Reina c
omprendió la necesidad de articular un cuerpo de enfermería, instruido y con vocación social y en 1918 inauguró, el Hospital Central de San José y Santa Adela.

En 1923, la Dictadura de Primo de Rivera liquidaba un modelo restauracionista caduco e inauguraba un intervencionismo estatal acorde con las políticas de los años veinte.
La Reina continuó fundando sanatorios y dispensarios médicos, pero en el Palacio Real padecía su particular
via crucis como consecuencia de las tensiones con su suegra, María Cristina de Habsburgo, y los amoríos de Alfonso XIII con la artista Carmen Ruiz Moragas.
Tras las elecciones de abril de 1931 que proclamaron la II República, Alfonso XIII abandonaba España.
Unas horas después, lo hacía Victoria Eugenia desde El Escorial para iniciar el camino del exilio.

La Monarquía se había desplomado.
España se desangraría en una guerra en la que Franco, monárquico, se alzaría vencedor.
Cuando la Segunda Guerra Mundial azotó la Inglaterra que la había acogido, Victoria Eugenia se instaló en Lausana.
Era la separación definitiva del matrimonio.
Alfonso XIII fallecía en Roma en 1941.
Desde entonces, Victoria Eugenia se convertía en exponente claro en la defensa de la continuidad dinástica. Aplaudió la Carta de los Caballeros, entregada a Franco en 1943 en la que se pedía el restablecimiento de la Monarquía y su residencia se convirtió en el escenario para la redacción del Manifiesto de Don Juan de 1945. Para ella, el Rey era ya su hijo.
Pero Victoria Eugenia también hizo de
Vieille Fontaine (la vieja fuente) un hogar para sus nietos. Era la abuela, Gangan. Y en esos años se convirtió en mentora en sociedad de actrices reconvertidas a Princesas, instruyendo a Grace Kelly en el protocolo regio.

Victoria Eugenia no volverá a España hasta febrero de 1968.
Habían pasado casi cuatro décadas y lo hace para asistir al bautizo de su bisnieto, Felipe de Borbón y Grecia. Era el 7 de febrero de 1968 cuando aterrizaba en Barajas y bajaba la escalinata del avión, portando un magnífico abrigo de visón. Le recibían en pista, centenares de monárquicos. Fue una visita corta en la que se alojó en el Palacio de Liria con
Cayetana Alba, su ahijada, como anfitriona.
Franco no había elegido todavía sucesor y algunos jugaban la baza de Carlos Hugo y Alfonso de Borbón. Pero ya en Zarzuela, y minutos antes de portar a su ahijado a la pila bautismal, Victoria Eugenia intervenía en la “peculiar sucesión del pleito sucesorio” como ha escrito Seco Serrano: “se trataba de salvar la legitimidad de la monarquía sin rupturas traumáticas”.
La Reina, en un aparte con el General, le instó a decidirse por uno de sus tres descendientes varones: Juan, Juan Carlos o Felipe de Borbón, según versionó Jesús Pabón.
Victoria Eugenia, salió de España pocas horas más tarde, no sin antes visitar el Hospital de la Cruz Roja.
Apenas un año después, en julio de 1969, Franco designaba a
Don Juan Carlos sucesor a título de Rey. Pero Victoria Eugenia no vivió para verlo. Había fallecido en Suiza tres meses antes, el 15 de abril de 1969.
Como no podía ser de otro modo, el
ABC abría su edición con una magnífica foto de portada de la Reina. Así le correspondía a quién durante décadas había trabajado por el restablecimiento de la
Monarquía en España.

Cristina Barreiro Gordillo, Universidad CEU San Pablo,
Universitas Senioribus CEU