Lo que empezó siendo un eslogan publicitario paperless (término acuñado por la revista Business Week en 1975) en español papel cero llegó también al mundo de la Administración española a principios del siglo XXI. Los recientes desarrollos legales ponen de manifiesto que este proceso que no tiene vuelta atrás. La llegada de internet y el correo electrónico fueron, sin duda, los dos elementos que detonaron la génesis e implantación paulatina de esta tendencia.

Somos muchos los que pensamos que es una auténtica barbaridad que en España se utilice masivamente el papel y se llegue a destruir anualmente un bosque del tamaño de 700 campos de futbol para la impresión de los millones de facturas que se emiten anualmente y documentan las operaciones y transacciones realizadas entre empresarios, profesionales y particulares (dato, por cierto, obtenido de internet). De ahí que se impulsara la factura electrónica que no ha tenido el éxito que inicialmente se esperaba, aunque recientemente se ha establecido su obligatoriedad cuando el destinatario del bien o servicio es una Administración pública.
Esta medida de reducción de papel supone un avance en todos los sentidos: por un lado permite un funcionamiento más eficiente de la Administración (evitándose la pérdida de documentos y los tan odiados desplazamientos para hacer gestiones y colas), supone un ahorro muy importante de costes (ensobrado, envió postal, etc.) y una relevante reducción del impacto medioambiental. A título de ejemplo, también he podido leer en Internet que el papel cero, en sus distintas manifestaciones, ha permitido a la Comunidad Autónoma de Castilla y León un ahorro de 73 millones deeuros en el año 2015.
Y a pesar de que puede pensarse que se trata de un fenómeno reciente, la implantación de las nuevas tecnologías ha sido una constante en la tramitación de los procedimientos administrativos y, en especial, en los tributarios. Así en la Ley Azcarate de 1889 ya se establecía que se debían admitir los documentos hechos con máquinas de
escribir en los mismos términos y con los mismos efectos que los escritos presentados a mano, ya que la legalidad de estos documentos se encontraba en la firma de quien los suscribía y no en que los mismos estuvieran realizados en letra manuscrita.
La evolución legislativa ha sido constante en esta materia y como ejemplo de época reciente desde 2009 la publicación del BOE se realiza en formato electrónico y solo se conservan 3 ejemplares en papel.
La Agencia Tributaria (AEAT), la Seguridad Social y la Dirección General de Tráfico han sido las tres instituciones pioneras en la implantación de la administración electrónica, pero nos vamos a centrar únicamente en la primera de ellas.
A partir de 2002, la Agencia Tributaria apostó por convertirse en una Administración claramente electrónica y generalizó las notificaciones por medios electrónicos. Este proceso fue implantándose progresivamente hasta que en 2011 se estableció la obligación de recibir, por medios telemáticos, las notificaciones tributarias para la gran mayoría de
entidades y sociedades españolas, en particular para las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada (con independencia de su volumen de facturación, plantilla y de si está o no cotizada en el IBEX) así como para un gran número de entidades extranjeras que operan en nuestro país.
Una vez que todas las empresas han entrado en el redil electrónico y reciben en la actualidad, sin grandes incidencias, las notificaciones por vía telemática, ha llegado la hora de ampliar el colectivo de personas que, a partir de ahora, también pasaran a recibir por sistema electrónico las notificaciones de hacienda.

Así, el 2 de octubre de 2016, cuando entre en vigor la Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones públicas, será obligatoria la notificación electrónica tributaria también para aquellos profesionales que ejerzan una actividad que requiera colegiación obligatoria, para los notarios y registradores de la propiedad y mercantiles.
Este colectivo se tendrá que relacionar, a través de medios electrónicos, en todos los trámites y actuaciones que realicen con la Administración Tributaria en el ejercicio de dicha actividad profesional y recibirán las notificaciones de la Agencia Tributaria también por medios telemáticos.
Esta implantación será gradual y finalizará en 2018. La pregunta inmediata que seguramente hará el lector es ¿qué profesiones requieren una colegiación obligatoria? Sin ánimo de ser exhaustivos, la colegiación obligatoria se mantendrá previsiblemente para médicos, dentistas, farmacéuticos, veterinarios, enfermeros, fisioterapeutas, podólogos, ópticos, biólogos, físicos, químicos, geólogos, psicólogos, arquitectos, arquitectos técnicos, abogados, procuradores, graduados sociales, así como los ingenieros técnicos. La Ley que pretendía la reforma de los colegios profesionales, y que finalmente no ha podido ver la luz en esta legislatura,preveía 38 colegios de colegiación obligatoria.

Ya hay muchos ciudadanos acostumbrados a llevar el billete de avión o tren en el teléfono móvil, a no hacer colas a la puerta de los cines o de los teatros para sacar las entradas pues estas se adquieren por internet o en cajeros, apenas escribimos cartas a mano y las oficinas de correos y los carteros están desapareciendo.
Incluso la compra se hace muy frecuentemente por internet. Leemos en prensa que varias entidades bancarias van a cerrar muchas de sus sucursales y, que el futuro pasa por digitalizar la banca fomentando las transacciones online, incluso hay mucha gente que lee la prensa o literatura en formato electrónico. ¿Por qué a pesar de estar tan familiarizados, en mayor o menor medida, con los medios telemáticos cuando se trata de recibir notificaciones de Hacienda -por esa vía-son muchos los que ponen el grito en el cielo y tratan de rebelarse contra dicha medida?
Seamos sinceros, no es tanto el medio utilizado (cartero tradicional que nos puede obligar a acudir a una oficina de correos cuando no estamos en casa y nos encontramos con el consabido aviso en el buzón vs. notificación electrónica a la que podemos tener acceso en un click sin desplazarnos del sofá o despacho) sino que lo que a todos nos incomoda es recibir notificaciones de Hacienda, salvo, claro está, aquellas en las que se nos comunica que se ha procedido a devolvernos la cantidad que nos corresponde del IRPF.
Por Alejandra Puig Ruano
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