La Historia de la Navegación de España, es una narración fascinante: los Descubrimientos y Exploraciones que España lleva a cabo en los siglos XVI y XVII, abren un mundo desconocido a una Europa asombrada.

Los acontecimientos como el asalto del Mediterráneo a cargo de los turcos impulsarán la ruta atlántica, conformando un nuevo tablero político.
España bajo los Reyes Católicos avanza hacia la Modernidad.
Una mujer excepcional, Isabel, la castellana, la de tierra adentro, intuye las posibilidades del improbable proyecto del “Loco de Colón” como le llaman sus detractores.
Y empieza la aventura americana, donde un país, uno de los más adelantados de su época, descubre un Nuevo Mundo, que será evangelizado entregando a las nuevas tierras la cultura, la educación y la sanidad. Obra colosal pues el continente americano representaba el 60% del mundo conocido.
Pero no termina ahí la hazaña:
Tras el Descubrimiento de Colón, la geografía indiana se llena de nombres españoles:
Hernán Cortés y la Conquista de Méjico;
Orellana y su descubrimiento del Amazonas;
Hernando de Soto y el rio Mississipi, que será su tumba;
Vázquez de Coronado y el apoteósico Cañón del Colorado;
Ponce de León y la búsqueda de la Fuente Eterna Juventud;
Menéndez de Avilés y la fundación de la primera ciudad de l que hoy es Estados Unidos: San Agustín con su poderoso fuerte.
Otro español, Juan Sebastián Elcano, vasco de Guetaria, completará la Primera Vuelta al Mundo el 8 de septiembre de 1522.
Francis Drake reclama en 1577, engañosamente, haber conseguido dar la Primera Vuelta al Mundo, cincuenta y cinco años después de que la coronara Juan Sebastián Elcano en 1522

El Pacífico, El Golfo Grande, como lo llamaban en el siglo XVI, es un DESCUBRIMIENTO ESPAÑOL.
Fueron navegantes españoles los que descubrieron Las Marianas, Las Carolinas y Las Filipinas en el Pacífico Norte; así como las Tuvalu, Las Marquesas, Las Salomón y Nueva Guinea también en el Pacífico. La expedición de Villalobos en 1542 descubre Hawái, dos siglos antes de que pretendiera haberlo hecho Cook.
Posteriormente, en el siglo XVII grandes marinos como Jorge Juan,
Antonio de Ulloa o Malaspina, recuperarán la gloria marina y científica de Ultramar.
Malaspina, en la expedición auspiciada por Carlos III en 1789 descubre 357 especies de aves, 124 de peces, 36 cuadrúpedos y 21 anfibios.
Esta descubierta recogió 14.000 nuevas plantas y semillas de nuevas plantas, que hoy aportan su magnificencia al Jardín Botánico y al Museo de Ciencias Naturales de Cádiz.
Es interesante recordar que, ese mismo año, mientras España se dedicaba a la ciencia, estallaba en Francia una Revolución que generaría millones de muertos.

CELESTINO MUTIS
Y no se puede hablar de Botánica, sin mencionar a Celestino Mutis, El Patriarca de los Botánicos, como lo proclamaron tanto el botánico sueco Linneo, tan admirado por la Europa anglosajona, como el científico alemán Alexander von Humboldt.
Mutis, tanto en su capacidad de médico como de botánico escribía:
La quina anaranjada apacigua los nervios, la roja cura las afecciones del sistema muscular, la gangrena y las infecciones; la amarilla combatirá las fiebres y la blanca combatirá las fiebres provocadas por las infecciones.

Queda claramente establecida la importancia de los descubrimientos de Mutis para la farmacopea europea.
Es apasionante el afán de saber que mostraron los exploradores de aquella época, que se internan, espoleados por el ansia de conocimiento, en busca de la Terra Australis, y descubren las Islas Pitcairn y las Nuevas Hébridas, sin olvidar el noble impulso de la Evangelización.
Y una mujer, Isabel Barreto, es la única mujer de la Historia de siglos pasados que llega a ser Adelantada del Mar del Sur, y única Almiranta de la Historia y la Terra Australis Ignota…….

ISABEL BARRETO
Nace esta pontevedresa en pleno auge de las exploraciones españolas en el Pacífico, lo que marcará su vida de forma determinante.
Viaja con su familia al Virreinato del Perú.
Inquieta y despierta, Isabel destaca muy pronto en la corte virreinal de Gaspar de Zúñiga.
Isabel se convierte en la dama favorita de la virreina Teresa Pérez de Castro.
Álvaro de Mendaña, nacido en Zaragoza y afincado en el virreinato, navegante experimentado que había descubierto las islas Marquesas y las islas Salomón, alcanza posición de relieve junto al virrey.
Se enamora don Álvaro de Isabel y se casa con ella en 1586.
Consigue Mendaña capitanear la segunda expedición que zarpa del puerto del Callao en 1595 con el propósito de fundar asentamiento en las Islas Salomón, y de descubrir la Terra Australis Ignota.
Isabel que perseguía el sueño de participar en la expedición hacia este nuevo continente, da el primer paso para culminar su propósito, acompañada por varios hermanos.
Por fin ha logrado su anhelo: corre a la descubierta de ese océano que reclama su presencia.
Durante el día los barcos navegan bajo el esplendor del sol, en conserva. Al llegar la noche, los navíos duermen al ancla en la inmensidad de la mar, desconocida y amenazante.

Es fácil imaginar las dificultades de una mujer a bordo de un barco pequeño, como eran los de la época. Simplemente la higiene personal.
Imaginen también, la incómoda indumentaria de aquellos años para moverse en una nave en constante balanceo y temperaturas extremas.
Y sufrir, al igual que los hombres, carencia de víveres y agua.
Y soportar la incertidumbre.
Las exploraciones no contaban con certeza alguna.
Nada estaba escrito.
Los mapas no señalaban las posiciones de islas y continentes.
Todo estaba por descubrir.
Y para una mujer, es aún más difícil.
Aunque ahora pueda parecer mentira, los hombres creían que las mujeres en un barco eran portadoras de la mala suerte.
Por tanto, la acogida a Isabel y su hermana tuvo que ser poco amistosa.
Algunos navegantes se negaron a embarcar con ellas a bordo.
Además, como es usual, incluso hoy día, cuando se quiere atacar a una mujer, comienzan los chismes sobre su honra.
El Maese de Campo comentó con malicia al marido de Isabel:
De no ser por mí, la honra del Adelantado hubiera sufrido gran quebranto
A lo que responde el marido:
De todo esto tiene culpa vuesa merced, pues da a los soldados alas y les sufre chismes.
Los expedicionarios hallan un poco de tranquilidad y esperanza en una rada que denominan Bahía Graciosa, donde encuentran agua en abundancia, fruta variada como plátanos; además de cerdos, gallinas y unas perdices similares a las de Castilla.
Y en ese lugar deciden asentarse y poblar.
El Adelantado da orden de respetar al amistoso cacique Malope, pero algunos descontentos traman una conjura para matar al buen cacique.
Isabel tiene conocimiento de la trama y se apresura a avisar a su marido, eran numerosos y la conspiración queda descabezada.
Es preciso señalar, que muchos de esos marineros provenían de las cárceles y tugurios del puerto del Callao, gente de trifulca, difícil de gobernar.
Y uno de ellos, asesina a Malope, y los pacíficos nativos de antaño, se tornan agresivos
Comienzan las escaramuzas y los ataques.
La vida diaria se deteriora al invertir los españoles muchas horas en su defensa en vez de dedicarse a la agricultura y a poblar.
Eran numerosos los peligros en los que se vieron envueltos- hombres y mujeres por igual- traiciones, motines, enfermedades, falta de medicinas y naufragios.
Las flechas envenenadas de los nativos aterrorizaban a los españoles, pues producían súbita y espantosa muerte.
Enferma el Adelantado, y a pesar de trasladarle a tierra, empeora día a día.
Isabel comprende la responsabilidad, llena de riesgos, que le acecha.
Sabe que tendrá que gobernar hombres fieros, sabe también que será casi imposible que los hombres acepten el mando de una mujer.
Y es a lo que se enfrenta Isabel, pues su marido redacta testamento ante el escribano Andrés Serrano, y cinco testigos.

Nombro a doña Isabel Barreto, mi legítima esposa, por Gobernadora.
Álvaro de Mendaña muere el 18 de octubre de ese mismo año, y deja a Isabel como Adelantada de la Mar del Sur con gobierno sobre toda la expedición.
Isabel inicia sola una travesía que sufre numerosos avatares, las enfermedades acosan a los hombres: cada día han de arrojar tres cadáveres a la mar.
A causa de un intento de rebelión, y también de los daños provocados por fuertes tempestades, con las naves desarboladas, las velas rasgadas, nuestra Almiranta decide tomar rumbo a Manila, donde desembarca.
Allí conoce al apuesto capitán de la San Felipe, Fernando de Castro, Caballero de Santiago y Hombre de Mar y de Guerra.
La familia Barreto, liderada por la Adelantada, es invitada a residir en la casa campestre de Fernando, y en largas conversaciones, el Capitán percibe que las cartas de navegar, los mapas y los croquis dibujados por Isabel, son de una pasmosa exactitud.
La Adelantada comienza una nueva vida: El salitre del mar que secaba su piel, da paso a la suave brisa de Cavite; los olores a suciedad y podredumbre del barco, al perfume sensual de la flor de la sampaguita; y la vigilia constante para no perecer en un motín, a la dulce acogida de las gentes de Manila.

Llega el nuevo gobernador Francisco de Tello, recibido con todos los honores en Manila.
El Rey de Camboya envía como regalo, tres elefantes con sus respectivos Cornacas, domadores y guías de los descomunales animales, que los filipinos veían asombrados por primera vez.
La capital de Filipinas es un emporio de las mercancías preciadas de Oriente:armaduras de Japón, marfiles de Siam, porcelana y sedas de China, pimienta de Malabar, especias de Las Molucas, rubís de Ceylán, llegaban al puerto de Acapulco y eran transportadas a lomos de mulas atravesando Nueva España, para ser embarcadas en el puerto de Veracruz en el galeón, el famoso Galeón de Manila o Galeón de Acapulco que las llevará a los puertos de Sevilla y Cádiz, y distribuidas a una Europa asombrada.
Esta próspera ruta comercial se mantendrá durante 250 años, recorriendo en cada viaje 25.000 kilómetros.
Tras las penalidades de la expedición, la vida retoma su caudal de energía, e Isabel disfruta los placeres refinados de la corte, dónde brilla con su pelo de sol, su belleza y su atractiva personalidad.
En una de las fiestas Isabel deslumbra con su vestido negro de viuda, cuajado de gotas de azabache.
Su nombre evoca sus vivencias en las míticas Islas Salomón, y pronto es conocida como La Reina de Saba.
Ha comenzado el mito de la Adelantada del Mar del Sur
Isabel y Fernando se enamoran y se casan en Manila en noviembre de 1596.
Tras un tiempo de felicidad, Fernando se hace a la Mar para otras exploraciones que tienen como objetivo descubrir la Terra Australis.
Isabel permanece en Manila al frente de los negocios y logra reunir una cuantiosa fortuna.
Enloquecida por la tristeza producida por la ausencia de su marido, retorna al virreinato del Perú y comienza su voluntario retiro del mundo en el convento de Santa Clara, en la apartada provincia de Castrovirreyna, donde rememora los avatares pasados.
Es tiempo de reflexión y expiación.
Fernando Castro, llegado de su expedición acude al convento a recogerla, y sufre una intensa conmoción. La Adelantada está irreconocible, ha adelgazado mucho, tiene el rostro afilado y enjuto, y el abundante pelo, teñido de negro, le cubre como un sudario.
Isabel confiesa a su marido:
Deseo expiar los crímenes que antaño cometí.
Pero ante la alegría del retorno del amado, retoman su vida y su amor, y el capitán es nombrado Alcalde de Castrovirreyna, y más tarde, Gobernador de toda la provincia.
No dura mucho la felicidad, Isabel, tras dar a luz a un niño muerto, muere de fiebres postparto el 2 de septiembre de1612.
En sus últimas noches, evoca con su marido su descomunal aventura, tratando de hallar Australia y su navegación hacia Manila.
Sola, como Gobernadora y Adelantada de la Mar del Sur: había navegado 3.600 leguas náuticas, unos 20.000 kilómetros, llevando a cabo una de las gestas más portentosas del siglo XVI.
Pilar de Arístegui,
De Escritores con la Historia
Andrómeda, 2025
Bibliografía
-Anaya, José Antonio, Celestino Mutis y la Expedición Botánica, Ed. Debate, Madrid 1986
-Bosch Barret, Manuel, Doña Isabel Barreto, Ed. Juventud, Barcelona, 1943
