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La emperatriz Isabel por Pilar de Arístegui

La Emperatriz Isabel era hija del rey de Portugal, don Manuel El Afortunado y de la Infanta de Castilla doña  María.
Isabel era por tanto nieta de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, de quien su nieta había heredado la coloración clara de los Lancaster.
Isabel era rubia, de tez sonrosada, ojos claros y rasgos finos y elegantes, y los cronistas la describen como cortés y moderada en su trato con la gente.

 Isabel de Portugal fue dama de gran belleza, tenía fama de ser la mujer más hermosa de su tiempo, y el prodigioso cuadro de Tiziano, que podemos admirar en el Museo del Prado, da testimonio de esta reputación.

Isabel de Portugal

 Desde muy joven había recibido una excelente educación, y de ella contaban que, desde su infancia, era una ferviente lectora que se interesaba sobre todo por los libros de espiritualidad.
Su gran anhelo vital fue casarse con su primo Carlos, el futuro emperador, con el que ya estaba comprometida desde que ella tenía tan solo cinco años.

 La futura emperatriz tomó como guía y ejemplo a su abuela castellana, a quien siempre reverenció como modelo de reinas.
De su padre, don Manuel El Afortunado, Isabel había heredado la habilidad para la diplomacia.
Hubo de esperar a que se celebrara su matrimonio pues Carlos estaba ocupado con su adaptación a los nuevos reinos,  con los Asuntos de Estado y otras distracciones.
El joven rey de Castilla, recién llegado de Flandes, se enamoró de la viuda de su abuelo, Fernando El Católico, y sintió una intensa pasión por esta princesa, doña Germana de Foix,  con quien tuvo una hija.

El  matrimonio  de Isabel con Carlos I tuvo lugar el sábado 10 de marzo de 1526, y lo que comenzó como un Asunto de Estado, se convirtió en una unión feliz.
Se enamoraron  nada más conocerse, y gozaron de una romántica luna de miel en Sevilla donde había tenido lugar la ceremonia de esponsales en el Salón de la Media Naranja, hoy Salón de Embajadores.

La ciudad del Guadalquivir era un cosmopolita hervidero de arte, literatura, descubrimientos  y cosmografía. El propio Lope la titularía años más tarde: Segunda solo a Roma

Los numerosos escritores, artistas, geógrafos, cartógrafos y embajadores que acudían a la floreciente ciudad, encontraban en sus muelles  los barcos que volvían de Indias, cargados con sorprendentes mercancías que anhelaban todas las cortes de Europa.
Y los reyes europeos envidiaban los territorios conquistados en nombre de Carlos I, asombrados al mismo tiempo por los descubrimientos geográficos realizados por los navegantes españoles.

Manuel de Portugal

 Pedro Martir de Angleria, Lucio Marineo Sículo o Baltasar de Castiglione, se reunían en tertulias donde completaron su formación humanística Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, y más tarde Gutierre de Cetina ó el escultor Berruguete.

Los felices esposos continuaron su luna de miel en la fastuosa Granada, y todavía se puede visitar el seductor Mirador de la Reina, donde Isabel aguardaba la llegada del amado cuando a éste le retenían acuciantes problemas de los reinos.

Granada

Durante esa estancia, Carlos I recibió al embajador de Persia, que le regaló unas semillas de una opulenta flor de vibrantes colores, abundantes y recortados pétalos e intensa fragancia.
El enamorado esposo mandó sembrar los arriates de La Alhambra con esa exótica planta como regalo a su amada.
El clavel acababa de posesionarse de tierra española.

Isabel gobernó como Reina y Emperatriz de 1527 a 1539, y fue esposa amada y amante.
Desde su llegada a España, se dedicó a estudiar a fondo sus estructuras políticas, económicas  y sociales.
Y consiguió un conocimiento profundo, con horas de trabajo, lectura y además escuchando la experiencia de sus consejeros.

La música tenía un papel importante en la vida de ambos esposos.
Carlos conservaba su Capilla de Bruselas que le acompañaba en todos sus desplazamientos, e Isabel trajo consigo  su propia Capilla Musical, a la que incorporó a un joven organista que alcanzaría fama merecida, Antonio de Cabezón.

Así como en Sevilla dominaba el ambiente artístico y geográfico, en Granada la Educación gozaba de suma importancia.
Existían dos buenas Escuelas, una dependiente del Ayuntamiento y otra del Arzobispado.
El siete de diciembre de 1526, estando allí los reyes, se creó la Universidad de Granada donde se impartía lógica, filosofía, cánones, teología y gramática.
Se funda también el Colegio Imperial de la Santa Cruz de la Fe, en el que se preparaba a los estudiantes para entrar en la Universidad.

Eran numerosos y bien equipados los hospitales de la ciudad: el Hospital Real que databa de 1504; el Hospital de la Alhambra de 1501, y el Hospital de la Caridad que atendía a las mujeres.

Esta preocupación por el bienestar social, la trasmiten los reyes al Nuevo Mundo con la Fundación de modernos hospitales.
El Hospital de San José de los Naturales que cuidaba de los indios, lo funda Cortés en 1521.
Hoy, quinientos años después, sigue activo a dos pasos del Zócalo.
Solo en Nueva España, en la época virreinal, los españoles fundaron y organizaron 290 hospitales: generales, lazaretos, manicomios, de mujeres etc.
En los siglos XVI y XVII en la ciudad de Lima, había una cama por cada 101 habitantes, superando así en asistencia sanitaria a muchas ciudades de hoy en día.
Por donde pasaban Isabel y Carlos, dejaban un legado de cultura, arte, formación y asistencia hospitalaria.

La reina celebró muy contenta, las fiestas de San Juan, el 24 de junio; de Santiago el 25 de julio y de La Asunción el 15 de agosto.
Los días allí fueron tan felices, que Isabel, aunque nunca volvió a Granada, pidió en su primer testamento ser enterrada en la Catedral de esa ciudad.  Y junto a su abuela Isabel. Pero ninguno de los dos se abandona solo a esa felicidad, pues el Emperador se dedica a instruir a su esposa en los asuntos de gobierno y a explicarle la idiosincrasia española, e Isabel se dedica con entusiasmo a aprender.

Pero varios acontecimientos vinieron a turbar esta gozosa armonía:

Las libertades adquiridas por las villas e instituciones de la Castilla de Isabel y Fernando, chocaron con la corte que acompañó a su nieto Carlos I.
Los privilegios y modos autoritarios de los flamencos, y el menoscabo del comercio castellano, conducirán a la rebelión.

El Papa, Clemente VII, promociona la Liga de Coñac el 22 de mayo de 1526, aliándose con el rey de Francia Francisco I, Inglaterra, Milán, Florencia y Venecia contra Carlos I.
Tras los serios desacuerdos entre Clemente VII y el futuro Emperador, se produce el Sacco de Roma el 26 de junio de 1527.
Bajo el mando de Hugo de Moncada y como General en Jefe el duque de Borbón, las incontroladas tropas, compuestas por soldados italianos, españoles y sobre todo, los lansquenetes alemanes, furiosos por no haber recibido la soldada y queriendo castigar el libertinaje papal, arrasan la Ciudad Eterna.

El Papa Medici escapa a través de un túnel a Castel  St, Angelo, desde donde envía la excomunión a Carlos I, gravísima circunstancia para un rey católico.

Castel Sant’Angelo

Y llega en agosto la buena nueva que todos esperaban: La Reina está embarazada.
Isabel no tuvo un parto fácil, durante trece horas luchó con el dolor y con el temor que la alta mortandad producía en aquellos años a las parturientas. Fue tal su angustia, que se preparó para dar a luz dictando su primer testamento. En los estertores del parto, la comadrona le aconsejaba que se desahogara, que gritara y ella le respondió consciente de su rango:
Nao mi faleís tal, minha comadre, que en morrereí mais non gritarei.
No me digas eso, comadre, podré morir, pero no gritaré.
Y acto seguido mandó que le taparan la cara, para que nadie la viera sufrir.
Es posible que consultara el desenlace del alumbramiento con un adivino, pues era muy usual hacerlo en las cortes de aquella época.
El futuro Felipe II nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527, pero Carlos I suspendió semanas más tarde los fastos para celebrar el nacimiento del heredero, a causa de su pesar por el reciente Saqueo de Roma.

Los embarazos no apartaron a Isabel de la primera línea de las responsabilidades de gobierno.
Como hiciera su abuela Isabel La Católica, la reina se ocupa personalmente de la intendencia.
Ante el inminente ataque de los piratas berberiscos a las costas españolas- acuciante y persistente problema -y como parte de la preparación de la Gran Armada, manda que se envíen:
Diez mil quintales de bizcocho, cien botas de vino. Mil barriles de anchoas y sardinas, trescientos quintales de pólvora y quinientas pelotas de cañón serpentino.

 Uno de sus objetivos era tomar ejemplo del funcionamiento de la Casa de su abuela.
La Emperatriz tiene a su lado a una dama que recuerda al personaje que llevaban los Césares de Roma, y que cuánto más altas eran las loas, repetían a su señor:

Recuerda que eres mortal.

La señora en cuestión tenía como deber señalar a Isabel sus errores, y dilucidar cuál hubiera sido el comportamiento de Isabel La Católica en situación semejante.

Primera Gobernación (1528-1529)

Mi interés ha sido siempre narrar el papel que la mujer  se ha labrado en la Historia, y es fundamental en el entorno del Emperador que supo asignarles importantes tareas de su tablero político.

Margarita de Austria

Margarita de Austria, su tía, en el gobierno de Flandes; y poco después su hermana María para el mismo puesto; su hermana Leonor, desdichada reina de Francia, en las relaciones entre Francia y España, y su esposa Isabel al frente de los reinos durante los siete años de las demoradas ausencias del Emperador. Todas ellas cumplieron con sus responsabilidades.

Carlos confiaba en las mujeres, en su intuición, en su suave y hábil manera de enfocar los problemas  y les encomendó importantes tareas que resolvieron con maestría,  fueron fundamentales para la administración del Imperio.
La Emperatriz fue una mujer, como su descendiente Ana de Austria reina de Francia, que supo hacer amigos donde había prevención inicial, y supo provocar admiración por su buen hacer.

Segunda Gobernación (1529-1533)

El 8 de marzo de marzo de 1529 Carlos I tuvo que partir para atender los graves acontecimientos de los reinos itálicos, los asuntos centroeuropeos, y su coronación como Emperador por el Papa.
Estos fastos tuvieron  lugar en Bolonia del 22 al 24 de febrero de 1530.

 Parece ser que hubo un proyecto- documento de la Biblioteca Zabalburu- por el que la coronación había de hacerse en Roma, y que la Emperatriz iba a acompañar al Emperador.
Pero finalmente Carlos I dejó a Isabel al frente de los reinos. Trabajando.

El Emperador que sabía que estaría alejado mucho tiempo-fueron 4 años y 3 meses-publicó la Instrucción de Carlos a Isabel, que constaba de trece puntos.

Además,  nombra a la Reina Lugarteniente de Aragón.
Y sin embargo en las Crónicas de esos reinos, apenas se menciona el fructífero bien hacer de la Gobernadora.
Una vez más, las huellas de una mujer han sido borradas de los caminos de la Historia.

Gaspar dee Crayer «Coronación del Emperador Carlos V»

Consejo de Indias

Isabel se ocupó siempre de la educación de los indios, en particular de la formación de  las mujeres: dio orden de Formar grupos de mujeres letradas y de buenas costumbres que partieran hacia Nueva España para que se dedicaran a la enseñanza de las jóvenes  nativas, y a preservar su dignidad.
Todos los gastos de pasajes y manutención corrieron a cargo de la Emperatriz.
Las maestras llegaron a Nueva España en 1530, y entre ellas destacó Carolina de Bustamante que llegó a ser Directora del Colegio de Niñas Indígenas de Texcoco.

Tercera Gobernación (1535-1536)

Durante la tercera gobernación, el prestigio de La Emperatriz se ha consolidado, el Emperador reclama su consejo y el afecto en la corte hacia su reina es general.
Se acumulan los asuntos de Estado, pero ella los atiende con prontitud.
Tras la Tercera Gobernación, Isabel se resiente cada vez más por las ausencias del Emperador.
Su salud declina y sufre frecuentes vómitos.
El 20 de abril de 1539 Isabel da a luz un feto sin vida.
La Emperatriz empeora y la fiebre sube bruscamente.
Ella sabía que se moría, pero sin embargo quiso despedirse de todos con ejemplar serenidad.
Su última carta está fechada el 1 de mayo y la dirige a su ciudad de Soria:

Sepades que, porque al presente yo estoy gravada de mi enfermedad, temo que será Dios servido de llevarme de esta presente vida.

El Emperador no se apartó de su lado y cuando Isabel murió el 1 de mayo de 1539,  su desesperación no tuvo límites. Se abrazó al cadáver con tal fuerza, que no conseguían separarlo y gritó desconsolado:

¡Dejadme que he perdido todos mis bienes!

Abrumado por la pena se retiró al monasterio de Sisla, donde permaneció hasta el 27 de junio.
Durante seis días todas las campanas de Toledo entonaron su lúgubre melodía.
El esposo estaba encerrado en su dolor infinito.
Mientras tanto en la corte se vivía una trepidante actividad de correos, jinetes y caballeros que portaban las lógicas condolencias o noticias de la guerra contra el turco.

Entierran a Isabel en Granada, según su deseo, junto a su abuela Isabel La Católica.
La España que había encontrado Isabel era innovadora, con una enriquecedora tensión cultural que atraía a universitarios, cosmógrafos y artistas a causa de una corona que favorecía el humanismo. E Isabel había estado en el centro de toda esa efervescente actividad.
Un hombre sólo se estremece con su pérdida. Refiriéndose a su rey, se repetía una frase en los reinos:

Está el más desconsolado del mundo.

Por Pilar de Arístegui
De Escritores con la Historia

FUENTES

-Archivo Biblioteca Zabalburu, Madrid
-Alvar Ezquerra, Alfredo, La Emperatriz, La Esfera de los Libros, Madrid 2012
– García de Gortázar, Fernando, Historia de España, p. 100-101
-Gelmi, Josef, Los Papas, Herder, Barcelona 1985
– Jiménez Zamora, Isidro, Síntesis, Madrid 2015
-Roca Barea, María Elvira, Imperiofobia y Leyenda Negra, Siruela, Madrid 2016

                                      

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