De “Eau du Soir”…
Eau du Soir nace de los recuerdos de infancia de Isabelle d’Ornano, de sus paseos por los Jardines del Alcázar de Sevilla. En el corazón de este elegante aroma Chipre, desea encontrar la nota de Celinda, una flor blanca, sencilla y singular que tiene como particularidad, en estos jardines, exhalar su esencia al atardecer. Llega la noche, y con ella de repente, un perfume. Eau du Soir evoca la magia de ese instante precioso.

A “Soir d’Orient”…
Esta variación libre de Eau du Soir nos transporta a un palacio de Sevilla, testigo de la  “convivencia” reinante entre comunidades que compartían sus conocimientos, artes y culturas, en la que fue una de las etapas gloriosas de estas tierras nobles.

Dejemos atrás los jardines…
Adentrémonos en el interior del edificio, un tesoro de la arquitectura mudéjar. La estructura gótica de la construcción erigida bajo el reinado de Alfonso X en el siglo  XIII se reviste de ricos ornamentos y nos traslada a la época de las invasiones moriscas y las reconquistas españolas, cuando los perfumes venidos de Oriente se mezclaban con los aromas de Occidente.

Sigamos adelante…
Mecidos por una música árabo-andaluza, al ritmo de los nubats y al son del kanoun.  Ante nuestros ojos, como un secreto celosamente guardado tras una estrecha puerta, se abre, el Patio de las Doncellas A la sombra de los grandes arcos lobulados de tradición omeya, descubrimos la belleza insolente de los motivos arabescos y geométricos de estilo nazarí. El sol de Andalucía se pone sobre los muros antiguos, haciendo relucir los azulejos de reflejos metálicos y revelando con su resplandor toda la magia de

Soir d’Orient
Cerremos los ojos y descubramos Soir d’Orient, su cálida opulencia y su profundidad enigmática: Chipre, floral y oriental.

Un estallido chispeante y cautivador
Un perfume que mezcla el destello del limón de Italia y el frescor verde del gálbano de Irán, con la redondez voluptuosa de un acorde azafrán.
Un corazón floral y especiado 
La pimienta negra de Madagascar aporta una dimensión fundente, casi insolente, a la floralidad misteriosa y cautivadora de la rosa turca
y del geranio de Egipto.
Una estela amaderada y misteriosa 
La riqueza del aroma del sándalo y la exhalación misteriosa y sensual del incienso de Somalia, se alian con la elegancia del pachulí de Indonesia.

 

 

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