¿Es compatible mantener la restauración abierta con un virus que
se transmite por el aire?
Después de una larga batalla, la ciencia coincide en que existe una evidencia significativa de la transmisión del SARS-CoV-2 por aerosoles,
es decir, a través del aire. 

Los aerosoles, al igual que las gotículas
(consideradas hasta ahora la principal vía de transmisión),
son emitidas al respirar, hablar, toser, estornudar, cantar o gritar.
Al contrario que las que las gotículas
(consideradas hasta ahora la principal vía de transmisión)
que pueden viajar hasta dos metros antes del caer al suelo,
los aerosoles son capaces de flotar y viajar por el aire, desplazándose en ocasiones más de 5 metros.

También pueden permanecer en suspensión durante una o dos horas y concentrarse.
Para ilustrar esto los científicos suelen señalar que es como cuando se forma una nube de humo de cigarrillo en un sitio sin ventilación.
Los humanos los emitimos al respirar, hablar, toser, estornudar, cantar o gritar…

Ahora pensemos en los bares y restaurantes,
un entorno donde nos quitamos la mascarilla, y donde pasamos largos ratos conversando con un tono de voz elevado.
Estos espacios, a pesar de los controles de aforo, suelen congregar a un grupo amplio de personas.
Existe otro problema añadido, la gran mayoría de locales suelen presentar una renovación del aire inadecuada… mucha gente, mucho tiempo, en espacios cerrados, sin mascarillas, con un tono de voz elevado y con mala ventilación.

¿Debemos entonces cerrar bares y restaurantes?
La respuesta es depende.
Si se puede invertir en medidas como medidores de CO2, renovación de aire adecuada, filtración o llevando a cabo la actividad en exteriores, podríamos mantener un gran número de negocios abiertos. Recordemos que en cualquier caso se deben seguir cuidando los aforos, las distancias, el uso de mascarillas cuando se pueda y la higiene.

Muchos ayuntamientos concedieron autorizaciones especiales como medida de apoyo a las a la hostelería, facilitando la ampliación de la superficie en exteriores.
Eso funcionó relativamente bien en verano,
pero ¿qué ocurre ahora?.
Con las temperaturas bajas, la lluvia y la nieve, muchos negocios han estado levantando estructuras más sustanciales para proteger a los
comensales de los elementos.
Estos van desde simples sombrillas y calentadores hasta enormes carpas, estas últimas a menudo tan completamente cerradas como para plantear la pregunta de si cuentan en absoluto como estar al aire libre.
Lo mejor, una sombrilla y un calentador;
carpas con dos paredes y un techo todavía ofrecen la posibilidad
de viento cruzado,
pero con tres la cosa deja de funcionar.


Todo lo anterior se aplica a los espacios exteriores compartidos,
pero ¿qué pasa con las cúpulas, iglús, carpas o yurts individualizados?
Al crear una atmósfera separada y cerrada, estos reducen la preocupación de los aerosoles infecciosos que flotan desde otra parte, suponiendo que haya suficiente espacio entre las estructuras.
Dicho esto, es importante ventilar y limpiar bien entre clientes. 

Si no se puede invertir en este tipo de medidas o los clientes prefieren no salir de casa pero tienen los medios económicos, se puede apoyar a los bares y restaurantes locales con la compra de comida para llevar.

Poco a poco irán llegando más vacunas y un clima más cálido.
Solo tenemos que ayudarnos unos a otros a llegar hasta allí.

Por Pablo Fuente.
Investigador COVID

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