María José Ortega de Toro (Madrid-1971) es licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente cursa historia en la UNED.
Su afición a la lectura y un cambio de domicilio a Martos (Jaén) le han llevado a indagar sobre personajes y acontecimientos históricos relacionados con su tierra de adopción.
Así llegaron sus primeras novelas y biografías históricas.
En este libro recrea la vida del marteño Vicente Aparicio Martínez que, siguiendo una vocación religiosa y de servicio a los demás, ingresó en la Compañía de Jesús iniciando un viaje que le llevaría hasta Japón para ayudar a los supervivientes de la bomba atómica caída en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.
Su afición a la lectura y un cambio de domicilio a Martos (Jaén) le han llevado a indagar sobre personajes y acontecimientos históricos relacionados con su tierra de adopción.
Así llegaron sus primeras novelas y biografías históricas.
En este libro recrea la vida del marteño Vicente Aparicio Martínez que, siguiendo una vocación religiosa y de servicio a los demás, ingresó en la Compañía de Jesús iniciando un viaje que le llevaría hasta Japón para ayudar a los supervivientes de la bomba atómica caída en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.
En 1912 nace Vicente Aparicio Martínez en Martos (Jaén).
Siendo muy religioso decide entregar su vida al servicio de Dios ingresando en la Compañía de Jesús.
La guerra civil española trunca esos deseos al ser detenido y permanecer encarcelado durante varios años.
Una vez terminada la contienda, comienza su formación como jesuita y decide seguir el ejemplo de San Francisco Javier, patrón de los misioneros y uno de los fundadores de la orden jesuita, que durante el siglo XVI estuvo evangelizando por Japón, China e India.
En 1949 es enviado a la ciudad de Hiroshima que trata de recomponerse tras la devastación provocada por la bomba atómica.
Allí encuentra una ciudad destrozada cuya población sobrevive a los efectos todavía latentes de la bomba.
Trabajará junto al padre Arrupe, una de las figuras más importantes para los jesuitas, y le seguirá hasta Tokio donde inicia un comercio internacional que reportará importantes beneficios para sufragar todas las actividades que los jesuitas desarrollan en Asia en favor de los más desfavorecidos.
Siendo muy religioso decide entregar su vida al servicio de Dios ingresando en la Compañía de Jesús.
La guerra civil española trunca esos deseos al ser detenido y permanecer encarcelado durante varios años.
Una vez terminada la contienda, comienza su formación como jesuita y decide seguir el ejemplo de San Francisco Javier, patrón de los misioneros y uno de los fundadores de la orden jesuita, que durante el siglo XVI estuvo evangelizando por Japón, China e India.
En 1949 es enviado a la ciudad de Hiroshima que trata de recomponerse tras la devastación provocada por la bomba atómica.
Allí encuentra una ciudad destrozada cuya población sobrevive a los efectos todavía latentes de la bomba.
Trabajará junto al padre Arrupe, una de las figuras más importantes para los jesuitas, y le seguirá hasta Tokio donde inicia un comercio internacional que reportará importantes beneficios para sufragar todas las actividades que los jesuitas desarrollan en Asia en favor de los más desfavorecidos.
La figura de Vicente Aparicio es la de esas personas humildes y desconocidas que han tenido una vida sorprendente y ejemplar que merece la pena conocer.
Nacido en un pueblo del interior de Andalucía a principios del siglo XX, nada hacía presagiar que una decisión personal, fundamentada en el deseo de hacer el bien a los demás, sorprendentemente le llevaría hasta Japón, donde desarrollaría una importante labor económica que fue reconocida internacionalmente
Nacido en un pueblo del interior de Andalucía a principios del siglo XX, nada hacía presagiar que una decisión personal, fundamentada en el deseo de hacer el bien a los demás, sorprendentemente le llevaría hasta Japón, donde desarrollaría una importante labor económica que fue reconocida internacionalmente
