La Ribera Sacra es el paisaje simbólico más occidental de la Europa continental.
Ubicada entre los valles del Sil y del Miño, en el norte de Orense y el sur de Lugo, reúne un conjunto de cenobios, monasterios, iglesias, capillas y cruceiros, que configuran un espacio cultural único en todo el mundo, donde se encuentra la mayor concentración de construcciones religiosas de estilo románico en Europa. Allí, en pleno corazón de la Ribera Sacra se encuentra el Monasterio de Santo Estevo, considerado como uno de los más importantes y mejor conservado de toda Galicia.
El arquitecto Alfredo Freixedo fue el encargado de su rehabilitación para convertirlo en uno de los paradores más impresionantes de toda España, que fue inaugurado en 2004.

Su belleza y monumentalidad no dejan indiferente al que lo visita, no en vano fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1923.
Este singular monasterio tiene trazas románicas, góticas y renacentistas y tres claustros interiores que le otorgan una gran originalidad.
Su origen se remonta al siglo VI y se relaciona con San Martín Dumiense, el ‘Apóstol de los suevos’.
En el año 921, Ordoño II lo cedió al abad Franquila, que lo restauró comenzando así su etapa de esplendor monástico. La iglesia, consagrada en el siglo XII, es uno de los ejemplos más bellos del románico gallego. En XVI, con la llegada de los benedictinos de Valladolid, Santo Estevo comenzó una ampliación que culminó con la construcción de los dos claustros renacentistas: el de Viveiro (al norte) y el de los Caballeros, con un jardín interior.

Paz monacal en el siglo XXI

Hoy en día, el Monasterio de Santo Estevo alberga un parador de turismo donde se combina a la perfección la monumentalidad del edificio con una decoración vanguardista y moderna.
Cuenta con 77 habitaciones, todas ellas diferentes, y un spa con vistas al bosque para conseguir la relajación del cuerpo y del alma. Pasear por sus tres claustros inunda al visitante de una sensación de espiritualidad que recuerda a sus orígenes monacales.

Su restaurante Dos Abades se ubica en las antiguas caballerizas del Monasterios, donde destaca una impresionante bóveda de piedra de 14 metros de altura y 50 metros de largo con vistas a los bosques de castaños y robles. En él, el equipo de Cocina de Jorge Álvarez prepara una gastronomía gallega cuidada y tradicional, del río y de la montaña, donde predominan productos como las castañas, el chorizo de manzana, el pulpo a la parrilla y los postres como Bica de Trives o la Bica de Catro Caldelas.
Todo ello maridado con los vinos de la D.O. Ribera Sacra.

Sus instalaciones, la calidad y el servicio ofrecido le han hecho merecedor en 2018 del Premio internacional ZIWA como “El mejor lugar de España para celebrar una boda”, así como el ganador de los Traveller´s Choice de Tripadvisor donde sus usuarios le eligieron “Mejor parador de España en 2015”: “Un sitio mágico”, “Lugar de ensueño”, “Cada rincón es una exclamación de sorpresa” o “Perderse por sus claustros son algunos de los mejores placeres de la vida que solo en este Parador se pueden disfrutar” son algunos de los comentarios de los que mejor lo conocen, sus clientes.

Leyendas: “Los nueve anillos de los obispos”

En los siglos X y XI llegaron al Monasterio nueve obispos huyendo de la invasión musulmana. Este hecho convirtió a Santo Estevo en lugar de peregrinación donde acudían los fieles en busca de un milagro y se lo pedían a los obispos yacentes ante el cofre de plata que contenía los nueve anillos. En su honor fue construido en el siglo XIII el “Claustro dos Bispos”, el más antiguo del cenobio.

Una habitación única

La habitación 210 es la más singular de todo el parador. Recibe el nombre “Abad Franquila” porque está dedicada al primer Abad del Monasterio, Franquila. Esta habitación se sitúa en la parte más alta del edificio y dispone de las mejores vistas al Cañón del Sil. Cuenta con un salón recibidor, baño con jacuzzi y un gran dormitorio con tres ventanas orientadas al cañón del Sil y al bosque del Monasterio.

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