Seguir una buena alimentación es sinónimo de salud.
Hay un gran número de dolencias y enfermedades que pueden evitarse
con una dieta sana.
La primera que se nos viene a la mente es la obesidad,
así como todas las dolencias derivadas de ella
(diabetes, hipertensión, cáncer de colon…).
En España, casi 2 de cada 10 adultos tiene obesidad, al igual que
1 de cada 10 niños.

También hay muchas otras afecciones que,
con hábitos de alimentación poco saludables, se pueden agravar:
intolerancias alimentarias, acidez, gases
En general, una alimentación sana ayuda a mantener
un sistema inmunitario fuerte y un peso saludable.
La forma más habitual de conocer nuestro peso ideal
es con el índice de masa corporal (IMC).
Es la relación entre el peso en kilogramos y la altura en metros al cuadrado (IMC= kg/m2).
Se considera que nos encontramos en un peso adecuado
si nuestro IMC se encuentra entre 18,5 y 25.

Según datos que maneja DosFarma,
la farmacia online española líder del mercado,
la gran mayoría de los españoles (8 de cada 10) asegura llevar
una buena dieta.
Sin embargo, la realidad es que solo 4 de cada 10 comen verduras y hortalizas todos los días y solo el 60 % toma fruta.

Además, durante el confinamiento, fue difícil para muchos españoles
mantener su dieta habitual.
Meses después, es posible que aún no se hayan recuperado
unos buenos hábitos alimenticios, sobre todo en lo relativo a los horarios.
Pero cuándo y cómo comemos es casi tan importante como qué comemos.

 

Los expertos de DosFarma explican por qué es importante
prestar atención a los horarios de las comidas y al tiempo que le dedicamos a cada una, al igual que dan algunos consejos para fijar hábitos de alimentación saludable:

1. Hacer cinco comidas al día

Al organizar el menú diario, hay que tener en cuenta que no deben
pasar muchas horas entre cada comida.
Por eso, entre el desayuno y la comida hay que incluir un
tentempié ligero a media mañana
(frutos secos, cereales integrales con un yogur, un café con
una tostada de tomate y aceite…).
Lo mismo ocurre entre la comida y la cena, donde hay que incluir la merienda.
Gracias a esas dos comidas extra, más ligeras, se consigue el aporte energético necesario para todo el día.
Además, hacer cinco comidas ayudará a equilibrar el hambre
a lo largo del día.
Si solo hacemos tres, llegaremos con mucho más apetito a cada una,
lo que puede llevarnos a comer más de lo necesario.
No obstante, solo la mitad de las mujeres hace 4 comidas diarias
o más, y únicamente 4 de cada 10 hombres.

2. Establecer horarios fijos

El teletrabajo o el confinamiento han afectado mucho a la rutina
de los españoles, y por supuesto también a sus horarios de comida.
Sin embargo, mantener unas horas fijas para comer
ayuda a sincronizar todo nuestro cuerpo.
El cuerpo tiene un reloj maestro en el cerebro que controla
todas las actividades (la producción de hormonas, por ejemplo),
pero también tiene otros relojes en cada órgano que dependen
del reloj maestro.
La luz y la oscuridad ayudan a regular el reloj maestro,
pero también lo hace la alimentación.
Si las horas de las comidas siempre van cambiando, será muy difícil conseguir que el cerebro y los distintos órganos se sincronicen correctamente.
Esta desincronización la suelen sufrir las personas
que tienen turnos rotativos o quienes hacen vuelos largos y
cambian de husos horarios.
Si el cuerpo recibe los alimentos a una hora a la que no
está habituado, puede no asimilar igual los nutrientes.
Con el tiempo, los desajustes se pueden traducir en problemas
como la diabetes, la obesidad o el insomnio

3. Desayunar temprano
La primera comida del día marca la hora de nuestro cuerpo.
Es importante desayunar más o menos temprano para sincronizar todos nuestros relojes.
Ahora bien, no es necesario hacerlo a las 5 de la mañana.
Hay que dejar que la melatonina, la hormona que nos provoca sueño por la noche, baje un poco.
Entre las 7:00 y las 8:00 es un magnífico momento.

4. La cena, también temprano
Cuando se acerca la noche, las hormonas encargadas de digerir
los azúcares y los hidratos de carbono disminuyen.
Así pues, los hidratos de carbono se metabolizan mejor si cenamos antes.
Además, cuanto más temprano los tomemos,
más tiempo tendrá el cuerpo para digerirlos, por lo que las 20:00
es una muy buena hora.
Si es imposible cenar a esa hora,
es importante dejar un espacio de unas dos horas y media
antes de irse a dormir.
Y si se trasnocha mucho y se ha cenado pronto,
se puede tomar un yogur o un vaso de leche antes de acostarse.
Los lácteos tienen triptófano, un aminoácido que ayuda a producir la melatonina y la serotonina,
indispensables para conciliar el sueño.

5. Comer sin prisa
No solo hay que tener en cuenta cuándo comer,
sino también durante cuánto tiempo.
Comer demasiado rápido, con ansiedad o estrés, hace que
los nutrientes no se absorban correctamente.
Eso puede derivar en estreñimiento, gases, hipo y otras molestias digestivas.

6. Masticar bien
Puesto que no hay que comer con prisa,
hay que asegurarse de que los alimentos se mastican bien,
aunque eso suponga dedicarle unos minutos más.
Es importante que los alimentos se mezclen bien en la boca con la saliva,
ya que esta contiene amilasa, una enzima que ayuda a digerir los carbohidratos.
Si los alimentos llegan al estómago sin que la amilasa actúe correctamente, este tendrá que trabajar mucho más para digerirlo todo.

7. Beber suficiente agua
Las comidas deben tener horarios fijos, pero la toma de líquidos
debe hacerse durante todo el día.
La clave está en beber antes de tener sed, para así reponer los líquidos perdidos por el sudor y la orina
(entre 1,5 y 2 litros al día, aproximadamente).
Lo importante es no dejar largos periodos de tiempo sin tomar líquidos.
No hace falta tomar solo agua, sino que intercalar otros líquidos estimulará las ganas de beber:
infusiones, zumos naturales…

 

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