Me hacía mucha ilusión estrenar mi canon nueva, por eso decidí que el lugar en el que haría esas primeras fotos, en las que quiería sacar y probar lo máximo de mi nueva cámara, debía ser un lugar luminoso y con mucho color. La India podría haber sido un destino fantástico pero  desgraciadamente, se salía de mi presupuesto. Así que pensé en Marruecos,
éste país nunca defrauda.

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En ferry desde Tarifa tardas unos 45 minutos escasos y tras la travesía, descubres una ventana llena de luz, de color, de aromas, una cultura diferente y en definitiva un montón de sensaciones.
Muchas de ésas sensaciones me transportan a mi infancia, como el olor de las especias, el aroma de las flores,
el sabor auténtico del tomate aliñado, los gatos…

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De Tánger destacaría su histórico carácter internacional que le confiere un carácter especial más allá del exotismo de otras ciudades marroquíes.
Basta con sentarte en el Café La Giralda viaje-a-tanger_2para, a través de sus enormes ventanales, observar con discreción el ir y venir del bullicio en el Boulevard. Es una ciudad muy viva, tarda en arrancar pero es una de las últimas en apagar las luces.
En la Medina, puedes comprar hasta altas horas de la noche.
viaje-a-tanger_3Es una ciudad de contrastes,puedes ver desde la pobreza más absoluta a las fortunas más grandes que podamos imaginar, desde las viviendas más humildes a los suntuosos palacios de las afueras.
Sólo hay que aceptar la realidad de éste país y asimilarlo como parte de su idiosincrasia. Tánger, al igual que el resto de Marruecos, tiene una gastronomía excepcional, ese es otro de los motivos para visitarla.

Muy cerca de allí, a unos 100 kilómetros esta Chaouen, mi debilidad.Esta ciudad conquista y enamora diariamente a quienes la visitan, un punto azul, muy azul en la montaña, de extraordinaria belleza.

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Su Medina es un entramado de callejones y callejuelas pequeñas en las que sus habitantes viven y trabajan, pequeños artesanos en cuyos talleres en muchos casos sólo cabe un cliente. Y en los que las prisas tienen prohibida su entrada. El olor a madera de los carpinteros deja paso de repente al olor a pan recién hecho en horno de piedra.

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Chaouen en sí, es un decorado tan increíble como real, el marco ideal para hacer fotografías, un lugar en el que el reloj nunca ha tenido cabida, el lugar donde todas las tonalidades del azul se entremezclan en una combinación relajante y perfecta.
Chaouen es el lugar al que siempre quieres volver.

Por Ana Pelayo
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