Hay historias, anécdotas o relatos que marcan y tienen la capacidad de hacernos cuestio-narnos sobre nuestra propia vida. Cuando menos lo esperamos ‘salta la liebre’ y nos topamos con esa persona que cambia la visión de las cosas de cada uno, o simplemente acontece un hecho que regenera ideas personales.

En esta era global, en la que el ser está constantemente expuesto a la primicia, al último acontecimiento, todo ello al alcance de un solo click o del pulso de un botón, difícil es no reflexionar muy a menudo sobre lo que sucede en el mundo. Sin embargo, es cierto que ante tanta locuacidad y palabrería (tan común hoy en día), a veces cuesta que el ser y la mente se vean estimulados o reavivados.

Pero por suerte, la liebre ha saltado esta semana en mi campo. Un artículo me ha dejado huella y tengo la impresión de que desaparece y vuelve a aparecer en mi pensamiento con el ritmo de las horas. Se titula De skin a sacerdote y fue publicado la semana pasada. Topé con él de pura casualidad, en esos momentos de pausa del estudio, en que leí un mensaje de móvil que me enviaba una amiga que me decía tener algo para mí. Abrí el link y así es como hallé el artículo.

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Como el título indica, el texto se centra en un skin, pero no uno cualquiera, pues años después se ha convertido en sacerdote.
Para asombro de todos, Paco García Gómez, párroco de la Iglesia de Josemaría en Aravaca, fue ‘en su otra vida’, miembro de una banda skinhead, de tendencia nazi y ultraderechista.
Con tan sólo trece años nadie le podía mirar a los ojos sin su permiso ya que su ideología y propósitos hacían temblar a cualquiera. Según él, su objetivo consistía en suprimir todo aquello que ensuciase a la Madre Patria: inmigrantes y ancianos. Su vida, llena de odio y envenenada por esta radical ideología, resultaba tan atroz que llegó un momento en el que comenzó a drogarse para poder dormir después de todas las perversidades que cometía. En el vídeo de su relato, que más tarde encontré, asegura que el fin de la pesadilla skin no fue nada inmediato.
Sus padres, comprometidos a sacarle de ese mundo, le cambiaron numerosas veces de colegio, se mudaron de casa y barrio y tanto es así que hasta contrataron un guardaespaldas para que no faltara a clase y no se juntara más con neonazis.
No cabe duda: en aquel momento, la desesperación de los padres estaba al límite.
Pero el giro se produjo cuando sus ex-compañeros, al ver que este se alejaba, convirtiéndose así en ‘traidor a la causa’, cogieron a su madre y la arrastraron desde una moto por todo Alberto Aguilera. No es de extrañar que este espeluznante acontecimiento pusiese punto y final a su vida como skin. De ahí que se replantease su vida.

Ahora bien, ¿cómo una persona puede redirigir tantas cosas y evolucionar hasta descubrir su vocación en el sacerdocio?
En otras palabras, ¿qué pasó por la cabeza de ese joven?
En un vídeo antes mencionado, el párroco Gómez aseguraba que su verdadera conversión se produjo de la mano de una chica de la que se enamoró y con quien empezó a frecuentar esta parroquia. Consiguió acabar con todo el odio que llevaba dentro y se confesó arrepentido del mal que había hecho. Más tarde, en esta misma parroquia descubriría su vocación al sacerdocio.

Estoy segura: la liebre salta y de la nada acontece o aparece alguien que apuesta por nosotros haciéndonos cambiar.
Sin embargo, a mi parecer, su conversión sigue siendo un auténtico misterio.
Lo extendería al tema de la vocación religiosa en general. Y es que muchas veces reflexiono e intento empatizar con todos los que aseguran haber recibido la ‘’llamada de Dios’’ y que dejan todos sus bienes, su vida pasada y principalmente, sus vínculos familiares para entregarse por completo a Él. Todo ello a semejanza del grupo de los Doce: que abandonaron su vida para formar una comunidad con Jesús y cooperar en su misión de testimoniar que en Él se halla la plenitud
¿Acaso no es esto un auténtico misterio?
¿Hay alguien capacitado para explicarlo?
Hace unos días, pregunté a un familiar mío cómo su hija decidió ingresar en un convento. Ella me dijo que la joven afirmaba sentirse plenamente ‘enamorada’ de la persona de Dios. Admirable, pero difícil de entender.

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